EL PODER
ADQUISITIVO
DE LOS ESPAÑOLES
Inflación,
salarios, impuestos y vivienda | 2018–2026
INFORME ECONÓMICO CRÍTICO Y DOCUMENTADO
Corte
de información: 20 de octubre de 2026
|
TESIS
CENTRAL La pérdida de capacidad de compra no se
mide mirando solamente cuánto sube el salario bruto. Hay que descontar la
inflación, observar qué bienes consume cada hogar y calcular cuánto queda
después de impuestos y cotizaciones. El aumento de precios es comprobable; su
incidencia sobre cada familia, desigual. La fiscalidad puede agravar el
problema, pero debe demostrarse con comparaciones homogéneas. |
Resumen
ejecutivo
La evidencia permite formular una crítica sólida, pero exige renunciar a
dos simplificaciones: no todos los españoles han perdido poder adquisitivo
entre 2018 y 2026 y la inflación no puede atribuirse íntegramente a una sola
política gubernamental. Lo que sí es inequívoco es el fuerte encarecimiento de
la cesta de consumo y el aumento de determinadas cargas sobre el trabajo. El
impacto final depende del ingreso, la evolución salarial individual, los
impuestos, la composición familiar y el acceso a la vivienda.
|
DATO
CONFIRMADO 1 · PRECIOS Entre diciembre de 2018 y diciembre de
2025, el IPC general del INE aumentó un 23,2 %. En septiembre de 2026 la
inflación interanual era del 4,9 %. Ambas cifras corresponden a conceptos y
períodos diferentes y no deben sumarse. |
|
DATO
CONFIRMADO 2 · CESTA ESENCIAL Entre diciembre de 2018 y septiembre de
2026 los alimentos y bebidas no alcohólicas se encarecieron un 41,4 %, el
transporte un 33,3 % y los restaurantes y servicios de alojamiento un 37,7 %,
según la calculadora oficial del INE. |
|
DATO
CONFIRMADO 3 · TRABAJO E IMPUESTOS La cuña fiscal sobre un trabajador soltero,
sin hijos y con salario medio pasó del 39,4 % del coste laboral en 2018 al
41,4 % en 2025, según la OCDE. No es un porcentaje sobre el salario bruto ni
una estimación para todas las familias. |
El salario
bruto medio de la Encuesta de Estructura Salarial pasó de 24.009,12 € anuales
en 2018 a 29.540,26 € en 2024 (+23,0 % nominal). Este dato impide sostener que
el salario medio bruto haya perdido necesariamente poder adquisitivo durante
todos los años del período. Al mismo tiempo, ni esa media describe la evolución
de un mismo trabajador ni incorpora automáticamente IRPF, cotizaciones o el
encarecimiento especial de alimentos y vivienda. La población con ingresos
congelados o subidas inferiores al IPC sí registra pérdidas reales inequívocas.
El informe
identifica una responsabilidad política e institucional específica: permitir
que la inflación eleve cargas fiscales por progresividad en frío, sin una
compensación homogénea de tramos, mínimos y deducciones, reduce la parte del
incremento nominal que llega al bolsillo. Deben reconocerse también las medidas
que favorecieron a determinados colectivos, especialmente las fuertes subidas
del salario mínimo y la revalorización de las pensiones, para no confundir
crítica con selección interesada de datos.
Cuadro
de mando: hechos, períodos y significado
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Indicador |
Dato |
Período
/ interpretación |
|
IPC general nacional |
+23,2 % |
Dic. 2018 a dic. 2025 |
|
IPC, tasa interanual |
+4,9 % |
Sep. 2026 frente a sep. 2025 |
|
IPC alimentos y bebidas no alcohólicas |
+41,4 % |
Dic. 2018 a sep. 2026 |
|
IPC transporte |
+33,3 % |
Dic. 2018 a sep. 2026 |
|
Salario bruto medio de encuesta |
24.009,12 € → 29.540,26 € |
2018 a 2024; +23,0 % nominal |
|
Cuña fiscal, perfil OCDE |
39,4 % → 41,4 % |
2018 a 2025; +2,0 puntos |
|
Precio de compra de vivienda, IPV |
+12,2 % interanual |
2.º trimestre 2026; no confundir con IPC |
|
SMI mensual, 14 pagas |
735,90 € → 1.221 € |
2018 a 2026; +65,9 % nominal |
Fuentes primarias: INE, OCDE y BOE. Son métricas
distintas; las comparaciones se hacen únicamente dentro de cada fila.
Introducción
La distancia entre cobrar más y vivir mejor
La pregunta
económica verdaderamente relevante no es cuánto dinero figura en la nómina,
sino qué bienes y servicios puede adquirir una familia una vez descontados los
pagos obligatorios. El dinero constituye un medio de intercambio, no un
resultado final. Si los ingresos aumentan un diez por ciento y los precios
relevantes para el hogar lo hacen un quince por ciento, la remuneración nominal
mejora mientras disminuye la capacidad de compra. La misma lógica actúa cuando
un salario se actualiza para compensar la inflación y una proporción mayor
termina absorbida por un impuesto progresivo cuyos umbrales no se han corregido
suficientemente.
Entre 2018 y
2026 España ha atravesado circunstancias extraordinarias: la pandemia de 2020,
disrupciones en cadenas de suministro, el encarecimiento internacional de la
energía, conflictos geopolíticos, cambios monetarios y una presión
especialmente intensa sobre vivienda y productos básicos. No sería riguroso
atribuir cada variación de precios al Gobierno español; tampoco sería aceptable
utilizar esos factores externos para evitar el examen de sus decisiones
fiscales, regulatorias, presupuestarias y de oferta de vivienda. Un informe
serio debe separar las causas externas de las responsabilidades de política
económica y distinguir el dato demostrado de la valoración crítica.
Las ideas del
documento de partida aciertan al destacar la progresividad en frío y la
diferencia entre el salario nominal y el disponible. Sin embargo, varias cifras
que incluye carecen de una referencia identificable o mezclan medidas
diferentes. En particular, los tipos medios del IRPF del 12,7 % y el 15,1 %,
los 250–350 euros atribuidos universalmente a la no deflactación y los 1.657
euros por familia no pueden darse por comprobados con los marcadores
incompletos que acompañan al original. Este informe conserva la preocupación
central y sustituye las afirmaciones no verificadas por datos primarios,
cálculos transparentes y escenarios expresamente identificados como
ilustrativos.
1.
Qué significa perder poder adquisitivo
La pérdida de
poder adquisitivo tiene una definición precisa: una cantidad de ingreso permite
adquirir una cesta menor de bienes y servicios que en el período de referencia.
Para comparar correctamente deben utilizarse magnitudes homogéneas. El ingreso
nominal es el dinero percibido; el ingreso real corrige ese importe mediante un
índice de precios. En términos simplificados, el ingreso real actual equivale
al ingreso nominal actual dividido por el factor acumulado de precios respecto
al año inicial. El cálculo puede hacerse sobre el salario bruto, el salario
neto, una pensión o la renta disponible del hogar, pero no debe presentarse
como si todos estos conceptos fueran equivalentes.
El indicador
general de precios constituye una referencia necesaria, aunque no describe con
exactitud el gasto de cada familia. Quien dedica una parte elevada de sus
ingresos a alimentos, energía y alquiler puede experimentar una inflación
personal distinta de quien tiene una vivienda pagada y un patrón de consumo
diferente. El IPC incorpora ponderaciones medias y no mide directamente la
subida de los precios de compraventa de vivienda: para esta última existen
indicadores específicos. Esta distinción resulta esencial cuando se intenta
comprender por qué determinados hogares afirman que viven peor aunque un índice
macroeconómico muestre cierta recuperación.
También es
necesario distinguir entre evolución de ingresos de un mismo trabajador y
evolución del salario medio estadístico. La media puede cambiar porque varía la
composición del empleo por sectores, jornadas, antigüedad o características de
las personas empleadas. Un aumento del salario medio no demuestra que todos los
trabajadores hayan mejorado. De manera simétrica, una pérdida real en ciertos
colectivos no demuestra que toda la población asalariada haya sufrido idéntica
evolución.
2.
La inflación acumulada: la erosión que permanece
La calculadora
del INE permite establecer un punto de referencia incuestionable: entre
diciembre de 2018 y diciembre de 2025 el IPC general nacional subió un 23,2 %.
Esto significa que una cesta que costaba 100 euros al inicio de ese intervalo
habría pasado a costar, en promedio estadístico, 123,20 euros al final, si se
mantiene la cesta comparable del índice. Para sostener la misma capacidad de
compra, una renta nominal necesitaba crecer en proporción equivalente, antes de
considerar alteraciones de impuestos o consumos particulares.
Debe evitarse
una confusión frecuente: que la inflación anual disminuya no significa que los
precios regresen al nivel anterior. Una tasa más baja implica generalmente que
siguen aumentando, pero a menor velocidad. Y una inflación interanual del 4,9 %
en septiembre de 2026 significa que el nivel de precios era un 4,9 % superior
al de septiembre de 2025, no que esa cifra deba añadirse automáticamente al
23,2 % calculado para diciembre de 2018 a diciembre de 2025. Para construir el
acumulado hasta septiembre de 2026 hay que comparar directamente los índices de
ambos meses.
El dato
especialmente relevante para el análisis social es que determinados componentes
de consumo esencial se han encarecido mucho más que el índice general. La
calculadora oficial del INE, comparando diciembre de 2018 con septiembre de
2026, refleja un aumento del 41,4 % en alimentos y bebidas no alcohólicas y del
33,3 % en transporte. Los precios de restaurantes y alojamiento aumentaron un
37,7 % en ese mismo período. Estas diferencias ayudan a explicar por qué una
subida salarial que parece suficiente frente al IPC general puede no compensar
los gastos específicos de una familia.

Gráfico 1. Variaciones acumuladas con dos fechas de
cierre distintas, identificadas expresamente. Fuente: calculadora oficial del
INE; elaboración propia.
Los alimentos
representan un componente particularmente sensible porque resultan difíciles de
sustituir por completo. Una familia puede reducir ciertos gastos
discrecionales, pero no dejar de alimentarse. Cuando los productos básicos
aumentan más que el índice general, la restricción presupuestaria puede
sentirse con mayor intensidad en hogares de ingresos modestos. No puede
deducirse que todas las familias hayan experimentado exactamente un
encarecimiento alimentario del 41,4 %, pues sus compras son distintas; sí puede
afirmarse que la categoría oficial correspondiente registra un aumento muy
elevado en el intervalo seleccionado.
3.
Los salarios: una realidad que impide los eslóganes
La Encuesta de
Estructura Salarial del INE situó el salario bruto medio anual en 24.009,12
euros en 2018. La Encuesta Anual de Estructura Salarial ofrece para 2024 un
salario medio de 29.540,26 euros. La diferencia nominal es de 5.531,14 euros,
equivalente a aproximadamente un 23,0 %. Este dato es imprescindible para no
formular una afirmación global de pérdida salarial que la estadística no
respalda sin matices. La comparación con la evolución del IPC hasta 2024
sugiere que el salario bruto medio estadístico pudo preservar e incluso mejorar
moderadamente su capacidad de compra en el intervalo examinado, con las
cautelas propias de comparar medias anuales y períodos de inflación no
exactamente idénticos.
La conclusión,
sin embargo, no puede trasladarse a todas las personas ni confundirse con
salario neto. Existen diferencias según el sector, la ocupación, la edad, el
tipo de contrato y el territorio. La media tampoco describe a los mismos
individuos durante todo el período. Un trabajador cuyo salario permaneció
congelado perdió capacidad de compra inequívocamente; otro con incrementos
próximos al índice general pudo conservarla antes de impuestos; quien mejoró
sustancialmente su remuneración pudo ganar poder adquisitivo. El debate público
pierde rigor cuando se utilizan los problemas reales de unos colectivos para
afirmar, sin distinguir situaciones, que todos han seguido el mismo camino.
El salario
mínimo representa un contrapeso igualmente importante. El SMI mensual en
catorce pagas pasó de 735,90 euros en 2018 a 1.221 euros en 2026, lo que supone
un crecimiento nominal aproximado del 65,9 %. Esta política ha elevado de forma
relevante la remuneración mínima legal. Su efecto sobre el poder adquisitivo
real de los perceptores debe calcularse con el índice de precios del intervalo
exacto y teniendo en cuenta cotizaciones, circunstancias familiares y empleo
efectivo; aun así, ignorar este aumento produciría una interpretación sesgada
del período. Un informe crítico no necesita ocultar decisiones favorables para
señalar otras que puedan considerarse insuficientes.
No es
metodológicamente válido utilizar sin advertencia la cifra salarial de una
encuesta de coste laboral de 2025 como continuación exacta de la Encuesta de
Estructura Salarial de 2024. Las operaciones estadísticas emplean diferentes
universos y definiciones. En este documento se ofrece la última comparación
estructural homogénea disponible y se aclara que 2026 no dispone todavía de un
salario medio anual definitivo equivalente.
4.
La fiscalidad del trabajo: dónde se va el dinero
El coste total
de contratar a una persona no equivale al salario bruto que figura en su nómina
y este, a su vez, no equivale al dinero neto que recibe. Entre ambas magnitudes
intervienen cotizaciones empresariales, cotizaciones del trabajador e IRPF. Confundir
esas bases produce porcentajes espectaculares pero incorrectos. La denominada
cuña fiscal de la OCDE relaciona la suma de impuestos sobre la renta y
cotizaciones laborales, descontadas las prestaciones familiares que procedan,
con el coste laboral total. Es una medida apropiada para analizar cuánto separa
el coste del empleo del ingreso neto, pero sus resultados dependen del tipo de
hogar y del nivel salarial considerados.
Para un
trabajador soltero, sin hijos y con remuneración equivalente al salario medio,
la OCDE registra una cuña fiscal española del 39,4 % en 2018 y del 41,4 % en
2025: un aumento de dos puntos porcentuales del coste laboral. En 2025 la media
de la OCDE era del 35,1 %, por debajo del dato español. La comparación permite
sostener una crítica precisa a la carga total sobre el empleo para ese perfil,
sin necesidad de inventar tipos efectivos de IRPF ni atribuir automáticamente
toda la diferencia a una sola reforma. Las cuotas empresariales también forman
parte de la cuña y su evolución responde a mecanismos distintos de los tramos
del impuesto personal.

Gráfico 2. Cuña fiscal OCDE, trabajador soltero sin
hijos al salario medio. Unidad: % del coste laboral total; no del salario
bruto. Fuente: Taxing Wages 2019 y 2026.
De cada 100
euros de coste laboral total, el modelo OCDE deja aproximadamente 60,60 euros
netos al trabajador en 2018 y 58,60 euros en 2025, bajo sus respectivos
supuestos anuales. Esta comparación no significa que Hacienda retire
directamente un 41,4 % del sueldo bruto en 2025. Una parte de la cuña
corresponde a cotizaciones pagadas por el empleador que no se incluyen en el
salario bruto del trabajador. Tampoco significa que cada hogar español se
encuentre en la misma situación fiscal. Familias con hijos, trabajadores con
otros ingresos y residentes en diferentes comunidades pueden presentar
resultados distintos.
Las
cotizaciones tienen funciones de financiación y protección social, por lo que
resulta incorrecto tratarlas simplemente como recursos sin contraprestación. Al
mismo tiempo, constituyen costes laborales obligatorios que afectan a la
diferencia entre el coste del empleo y el ingreso disponible. Una evaluación
responsable debe analizar tanto la financiación de las prestaciones como sus
efectos sobre incentivos, contratación y salarios. La existencia de finalidades
públicas legítimas no convierte cualquier nivel de imposición en económicamente
neutro.
5.
La progresividad en frío: subir el sueldo para pagar más impuestos
El mecanismo
más importante señalado por el documento de partida es la progresividad en
frío. En un impuesto progresivo sobre la renta, los tipos aplicables aumentan
por tramos. Cuando los salarios nominales se elevan para compensar la inflación
y los umbrales, mínimos o determinadas deducciones no se actualizan en la misma
proporción, la cuota tributaria puede crecer más deprisa que la renta real. El
fenómeno puede producirse aunque los tipos legales permanezcan formalmente
inalterados. La distorsión es especialmente evidente cuando un incremento
salarial que solo mantiene la capacidad de compra provoca que una parte mayor
de la base tribute a tipos superiores.
El
razonamiento no exige que todo el salario pase a un tramo nuevo. En un impuesto
progresivo, normalmente es la porción adicional de base la que soporta el tipo
marginal correspondiente. Por ello, afirmar que recibir una subida salarial
hace que todo el sueldo tribute al tipo superior sería un error. La
progresividad en frío aparece porque cambian las proporciones de renta
sometidas a los diferentes tramos y porque los mínimos y deducciones pierden
peso real si no se actualizan. La magnitud efectiva depende de la renta, de las
circunstancias personales, de las cotizaciones y del diseño estatal y
autonómico del impuesto.
España añade
una complejidad institucional: el IRPF combina elementos estatales y
autonómicos. Algunas comunidades han deflactado sus escalas o introducido
modificaciones propias, mientras otras han aplicado políticas distintas.
Asimismo, determinadas reformas han modificado el tratamiento de rentas bajas.
Por ello no es defendible afirmar que todas las comunidades o todos los
contribuyentes soportan la misma pérdida por ausencia de deflactación. Sí es
legítimo reclamar una explicación transparente de por qué el incremento nominal
de rentas no se acompaña de una actualización suficiente y homogénea de los
parámetros relevantes, y qué parte de la recaudación adicional procede de este
mecanismo.
6.
Demostración matemática transparente: el impuesto que sube sin aumentar la
renta real
Para aislar el
mecanismo se presenta un ejemplo didáctico que no reproduce la normativa del
IRPF español ni pretende calcular la declaración real de un contribuyente.
Supóngase una renta sometida a un impuesto simplificado con dos tramos: 10 %
hasta 20.000 euros y 25 % sobre el exceso. En el año inicial la renta es de
25.000 euros. Tras una inflación acumulada del 23,2 %, la renta nominal aumenta
exclusivamente para preservar su poder de compra, hasta 30.800 euros. El
contribuyente no dispone de más capacidad de consumo antes de impuestos; recibe
una cantidad nominal mayor porque los precios son mayores.
|
Concepto |
Situación
inicial |
Final
sin deflactar |
Final
con tramos indexados |
|
Renta nominal sujeta al impuesto |
25.000 € |
30.800 € |
30.800 € |
|
Umbral del tramo inferior |
20.000 € |
20.000 € |
24.640 € |
|
Cuota calculada |
3.250 € |
4.700 € |
4.004 € |
|
Renta después de este impuesto |
21.750 € |
26.100 € |
26.796 € |
|
Diferencia fiscal respecto a indexación |
— |
696 € adicionales |
0 € |
Modelo exclusivamente ilustrativo. Dos tipos
hipotéticos del 10 % y 25 %; renta completamente sujeta al impuesto; sin
cotizaciones, mínimos, deducciones ni reglas reales del IRPF.
El resultado
es revelador. Si se actualiza el umbral del tramo inferior en la misma
proporción que los precios, la cuota pasa de 3.250 a 4.004 euros: su valor real
permanece constante. Si el umbral no cambia, la cuota alcanza 4.700 euros. La
diferencia asciende a 696 euros nominales en el período final. Tras descontar
la inflación, esos 696 euros equivalen aproximadamente a 565 euros del año
inicial. La renta nominal después del impuesto aumenta, pero la renta real
disponible disminuye respecto a la situación en la que se habrían actualizado
los tramos.
Este ejercicio
demuestra el mecanismo sin atribuir una cantidad universal a todos los
contribuyentes. El impacto exacto del IRPF español debe calcularse mediante
microsimulación con las escalas, mínimos, reducciones y cotizaciones
efectivamente aplicables, separando tramos estatales y autonómicos y fijando
una composición familiar concreta. Esas condiciones no están presentes en el
documento original que proponía 250–350 euros adicionales anuales para una
renta media. El principio económico es sólido; esa cifra particular no debe
tratarse como un hecho probado hasta contar con una metodología verificable.
7.
El precio de la vivienda: una presión distinta del IPC
La vivienda
representa uno de los principales factores que explican por qué la experiencia
cotidiana de las familias puede diferir de la evolución del IPC general. El
coste de comprar una vivienda no forma parte del IPC de consumo de la misma
manera que los alimentos o los servicios ordinarios; el INE dispone de un
Índice de Precios de Vivienda específico. En el segundo trimestre de 2026, el
IPV aumentó un 12,2 % respecto al mismo trimestre del año anterior, con una
subida del 7,4 % en vivienda nueva y del 12,9 % en segunda mano. Estos datos
describen la evolución de los precios de compra, no una variación de los
alquileres ni el encarecimiento acumulado desde 2018.
Una familia
joven que intenta acceder a una primera vivienda puede encontrarse con una
barrera económica que no se refleja plenamente en la inflación general.
Necesita acumular una entrada, afrontar gastos de adquisición y reunir ingresos
suficientes para obtener financiación. Si el precio del inmueble crece más
deprisa que su capacidad de ahorro, la vivienda puede alejarse incluso aunque
su salario bruto haya mejorado en términos reales. Los hogares que adquirieron
su vivienda anteriormente se encuentran en otra situación, pues el
encarecimiento del activo puede incrementar su patrimonio nominal. Por ello, el
efecto de la vivienda sobre el bienestar es profundamente desigual.
El análisis
del alquiler requiere igualmente prudencia: los contratos existentes y los de
nueva firma pueden evolucionar de manera distinta, y las estadísticas de
anuncios no equivalen automáticamente al coste medio pagado por todos los
inquilinos. La ausencia de una serie única y directamente comparable en este
informe impide atribuir un porcentaje acumulado de aumento de alquileres a todo
el país para 2018–2026. La crítica económica puede formularse sin inventarlo:
la insuficiencia de oferta asequible, las restricciones urbanísticas, los
costes de producción, los plazos administrativos y la incertidumbre regulatoria
merecen un examen específico porque condicionan el esfuerzo que las familias
deben dedicar al alojamiento.
8.
El presupuesto de un hogar: tres escenarios que no deben confundirse
La mejor
manera de evitar generalizaciones es mostrar qué sucede ante evoluciones
diferentes de los ingresos. Para aislar la pérdida de poder adquisitivo se
utilizan escenarios nominales con una renta disponible inicial de 25.000 euros
en diciembre de 2018 y un índice de precios que aumenta un 23,2 % hasta
diciembre de 2025. Son ejercicios de aritmética de inflación, no simulaciones
del IRPF ni estimaciones de hogares reales. La renta que mantiene su cuantía
nominal pierde una quinta parte de su capacidad de compra aproximada; la que
crece al mismo ritmo del índice general la conserva; y la que crece más
rápidamente la mejora, antes de considerar diferencias de cesta y otras
obligaciones.
|
Escenario
2018 → 2025 |
Renta
nominal final |
Equivalente
en € de 2018 |
Resultado
real |
|
A. Renta congelada en 25.000 € |
25.000 € |
20.292 € |
−18,8 % |
|
B. Renta crece un 15 % |
28.750 € |
23.336 € |
−6,7 % |
|
C. Renta acompasa el IPC +23,2 % |
30.800 € |
25.000 € |
Sin variación |
|
D. Renta crece un 30 % |
32.500 € |
26.380 € |
+5,5 % |
Cálculos propios con factor IPC 1,232. Redondeos al
euro y a una cifra decimal. No se incluyen IRPF ni cotizaciones: las rentas se
consideran disponibles.
El escenario
de renta congelada es especialmente útil para comprender el problema. Una
familia que disponía de 25.000 euros de renta anual para consumo en 2018 y
mantiene exactamente esa cantidad en diciembre de 2025 conserva los mismos
euros, pero solo puede adquirir aproximadamente el 81,2 % de la cesta inicial.
Su pérdida real es cercana al 18,8 %, no al 23,2 %. La diferencia se debe a que
el porcentaje de pérdida de capacidad de compra se calcula dividiendo por el
nuevo índice de precios. Confundir incremento de precios y porcentaje de
pérdida real constituye otro error frecuente en el debate público.
Los escenarios
deben combinarse con el peso de los gastos esenciales. Si una familia dedica
una parte importante de su presupuesto a alimentos cuyo índice ha crecido un
41,4 % hasta septiembre de 2026, su inflación efectiva puede superar a la
correspondiente al promedio general. Otra familia con una distribución de
consumos distinta puede experimentar una variación inferior. No existe una
pérdida idéntica que deba imputarse automáticamente a todos los hogares. La
evaluación correcta requiere conocer ingresos netos, composición del gasto,
estructura de vivienda y evolución temporal de cada partida.
9.
Responsabilidades públicas y causas económicas: crítica sin atajos
La subida de
precios no puede comprenderse ignorando circunstancias internacionales que
afectaron a numerosos países. La crisis sanitaria, las interrupciones
logísticas y el encarecimiento de la energía contribuyeron a generar presiones
inflacionistas. A ellas se añadieron decisiones monetarias, cambios en la
demanda y conflictos geopolíticos. Sin embargo, reconocer estos factores no
exime de examinar cómo respondió el poder público. La política tributaria puede
aliviar o intensificar la pérdida de renta disponible; la regulación puede
facilitar o dificultar la oferta; y la administración presupuestaria puede
influir en la capacidad para proteger servicios esenciales sin trasladar costes
innecesarios a los ciudadanos.
La crítica
principal que permiten los datos examinados es que el ciudadano no debería
enterarse de su empobrecimiento únicamente cuando intenta comprar alimentos o
afrontar una nueva vivienda. La transparencia fiscal exige explicar cuánto
aumenta la recaudación por cambios reales de capacidad contributiva y cuánto
por el efecto nominal de la inflación sobre bases progresivas. Debe
diferenciarse el incremento de ingresos públicos debido al crecimiento del
empleo, los salarios nominales, los beneficios y el consumo de aquel atribuible
a parámetros tributarios no actualizados. Una recaudación récord, por sí sola,
no demuestra ni prosperidad general ni abuso fiscal: su interpretación necesita
descomposición económica.
El IRPF ofrece
un ejemplo claro de responsabilidad institucional. Mantener determinados
umbrales sin corregirlos por inflación puede incrementar la carga real sobre
contribuyentes que no han mejorado su capacidad económica. Esa decisión puede
adoptarse legítimamente dentro del sistema fiscal, pero debería explicarse como
una elección de política tributaria y no ocultarse tras el argumento de que no
se han modificado los tipos nominales. De manera semejante, cualquier aumento
de cotizaciones merece una explicación sobre sus finalidades, sus consecuencias
y su relación con la sostenibilidad de las prestaciones. La legitimidad
jurídica no equivale automáticamente a neutralidad económica.
También es
necesario reconocer medidas que han mejorado ingresos de determinados grupos.
Las subidas del salario mínimo y los mecanismos de revalorización de pensiones
han protegido, en grados distintos y según sus reglas, a colectivos concretos.
Reconocerlo no obliga a considerar satisfactoria la evolución del conjunto.
Permite formular una crítica más precisa: las mejoras de unos grupos conviven
con pérdidas de otros, especialmente cuando sus remuneraciones no evolucionan
al ritmo de los precios o cuando sus gastos esenciales aumentan más deprisa que
sus ingresos disponibles.
La vivienda
requiere una revisión específica de responsabilidades estatales, autonómicas y
locales. La oferta de suelo, la seguridad jurídica, los plazos urbanísticos, la
fiscalidad de la promoción, el coste de construcción y los incentivos a
invertir intervienen en el precio final. Las políticas deben examinarse según
sus resultados y efectos secundarios, no por el volumen de anuncios o promesas.
Una actuación que pretende favorecer el acceso, pero reduce la oferta o retrasa
nuevas promociones, puede terminar perjudicando a sus destinatarios. La
evaluación rigurosa debe contrastar objetivos declarados con viviendas
efectivamente disponibles y costes de acceso.
10.
Cinco reformas prioritarias y cómo comprobarlas
Una primera
reforma consistiría en establecer una explicación pública y periódica del
efecto de la inflación sobre el IRPF, diferenciando escalas estatales y
autonómicas, mínimos y deducciones. La deflactación, completa o parcial,
constituye una decisión política que debe discutirse con información
cuantificada. El ciudadano debería poder conocer cuánto paga respecto a un
escenario de parámetros actualizados y cómo varía ese efecto según el nivel de
renta y la composición familiar. La transparencia es una condición mínima para
debatir de manera informada sobre progresividad y suficiencia de ingresos
públicos.
La segunda
prioridad es medir la renta disponible real de perfiles concretos de hogares,
no limitarse a presentar aumentos de salarios nominales o de recaudación.
Conviene publicar comparaciones consistentes para asalariados individuales,
parejas con hijos, pensionistas, trabajadores autónomos y jóvenes que buscan
vivienda, incorporando los impuestos directos y los cambios en precios
relevantes. Esta información debería permitir distinguir ingresos brutos, netos
y reales, con metodología accesible y actualización periódica. Una única media
nacional no puede sustituir el análisis de situaciones sociales diferentes.
La tercera
reforma exige actuar sobre los costes estructurales de la vivienda mediante
políticas evaluables de oferta, suelo, plazos y seguridad jurídica, manteniendo
las garantías urbanísticas y ambientales necesarias. No bastará con anunciar
recursos presupuestarios o fijar objetivos de construcción. Será necesario
comprobar cuánto aumenta la oferta disponible, cómo evolucionan los costes por
metro cuadrado, qué plazos administrativos se reducen y qué efectos se producen
sobre alquiler y compra. Las medidas que alteren la rentabilidad de promover o
alquilar deben examinarse también por sus consecuencias sobre la inversión
futura.
La cuarta
prioridad es una revisión crítica del gasto público basada en evaluación de
programas, eliminación de duplicidades y productividad administrativa, sin
confundir austeridad indiscriminada con eficiencia. Reducir trabajo burocrático
y mejorar compras, sistemas de información y coordinación puede liberar
recursos para actividades que realmente importan. Sin embargo, afirmar que una
supresión genérica de gastos superfluos financiaría automáticamente cualquier
rebaja fiscal requiere cifras verificables y alternativas presupuestarias. Una
propuesta responsable debe identificar partidas, importes, efectos y decisiones
de reasignación.
La quinta
reforma consiste en vincular salarios reales sostenibles con productividad,
inversión y competencia. Las mejoras nominales no pueden preservar
indefinidamente el bienestar si los costes de producir bienes y servicios
aumentan sin una expansión correspondiente de la capacidad productiva. La
inversión en capital, innovación, formación aplicable y simplificación de
procesos permite sostener salarios más elevados en términos reales. Esta agenda
debe acompañarse de una política fiscal que evite erosionar silenciosamente
incrementos que solo compensan precios.
11.
Auditoría del documento de partida: qué conservamos y qué corregimos
|
Afirmación
original |
Valoración
técnica |
Decisión
en este informe |
|
La no deflactación del IRPF puede aumentar el impuesto real |
Fundamento correcto; depende de renta y región |
Se demuestra con un modelo transparente. |
|
El IRPF medio pasó de 12,7 % a 15,1 % |
Sin fuente identificable ni perfil comparable |
No se presenta como hecho probado. |
|
Aumento relativo del IRPF de alrededor del 19 % |
Deriva de tipos anteriores no contrastados |
No se generaliza. |
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Entre 250 y 350 € al año por progresividad en frío |
No se aporta microsimulación verificable |
Se sustituye por ejemplo explícito. |
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Familias pagan 1.657 € anuales más |
No consta población, impuestos ni método |
No se incorpora como dato estadístico. |
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Llegan al trabajador 58–60 € de cada 100 € de coste |
Compatible con perfil OCDE 2025, no universal |
Se concreta: 58,6 €, perfil específico. |
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Se ha reducido el poder adquisitivo de todos |
No demostrado; diferencias importantes |
Se separan colectivos y escenarios. |
El criterio de
la auditoría no consiste en suavizar la crítica, sino en impedir que cifras sin
respaldo desacrediten un razonamiento económico que merece atención. La
progresividad en frío puede demostrarse rigurosamente sin afirmar que todos los
trabajadores pagan la misma cantidad adicional. La inflación acumulada puede
documentarse sin atribuir a todos los hogares idéntica pérdida. Y el
encarecimiento de la vivienda puede denunciarse con contundencia sin confundir
precios de compraventa, alquiler e IPC de consumo.
Conclusión
La inflación encarece la vida; la opacidad fiscal agrava el problema
El período
2018–2026 muestra una transformación indiscutible del coste de vida en España.
El IPC general aumentó un 23,2 % entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025, y
en septiembre de 2026 continuaba registrando un incremento interanual del 4,9
%. Los alimentos y el transporte presentan aumentos acumulados particularmente
elevados hasta septiembre de 2026, mientras el encarecimiento de la vivienda de
compra mantiene una presión intensa sobre quienes necesitan acceder al mercado.
Estos hechos explican por qué muchos ciudadanos pueden sentir que cada euro
vale menos, incluso cuando sus ingresos nominales han aumentado.
No todos han
perdido en igual medida. Los salarios presentan una evolución heterogénea, el
salario mínimo ha experimentado un incremento nominal importante y algunos
hogares han conseguido preservar o mejorar su capacidad de compra. Reconocer
esas diferencias no debilita la denuncia: permite identificar con precisión
quién soporta las mayores pérdidas. El verdadero balance necesita comparar
rentas disponibles y precios relevantes, no enfrentar eslóganes basados en
magnitudes incompatibles.
Existe además
una cuestión de responsabilidad pública que no puede eludirse. Cuando los
precios suben y los parámetros de un impuesto progresivo no se actualizan
adecuadamente, una parte del aumento nominal necesario para mantener el nivel
de vida puede convertirse en mayor carga fiscal real. El ciudadano merece
conocer ese efecto y decidir, mediante un debate transparente, qué presión
tributaria considera justificable. La cuña fiscal sobre el trabajador medio del
perfil examinado por la OCDE pasó del 39,4 % en 2018 al 41,4 % en 2025. Es un
cambio comprobable y suficientemente importante para exigir explicaciones
precisas sobre sus causas y resultados.
La exigencia
fundamental no es afirmar que todos los problemas económicos nacen del
Gobierno, ni negar la existencia de perturbaciones internacionales. Es reclamar
que las decisiones tributarias, regulatorias y presupuestarias sean evaluadas
por sus efectos efectivos sobre la renta disponible, la vivienda y la capacidad
productiva. Una política no debe juzgarse por cuántas subidas nominales anuncia
o por cuánto recauda, sino por si facilita que las familias puedan vivir mejor
con los recursos de que disponen. El Estado no debería presentar la inflación
como una fuerza ajena cuando resulta necesario explicar sus efectos y, al mismo
tiempo, aprovechar sin suficiente transparencia los ingresos fiscales que esa
misma inflación puede generar.
La conclusión
es exigente, pero comprobable: una parte de los españoles ha perdido capacidad
de compra de manera muy significativa, especialmente cuando sus ingresos no
acompañaron el encarecimiento de la cesta esencial o cuando el acceso a la
vivienda absorbió una proporción creciente de sus recursos. La forma de
corregirlo no consiste en maquillar indicadores, sino en reducir las fuentes
evitables de pérdida, reforzar la productividad y mostrar con claridad cuánto
dinero queda realmente en los hogares después de impuestos y precios. Sin esa
transparencia, hablar de prosperidad sobre la base exclusiva de salarios
nominales o cifras agregadas significa describir una economía que puede no
coincidir con la que experimentan sus ciudadanos.
Anexo
A. Fórmulas, hipótesis y advertencias metodológicas
Variación
nominal: (renta final / renta inicial − 1) × 100. Inflación acumulada entre dos
meses: (IPC final / IPC inicial − 1) × 100. Renta final expresada en euros
iniciales: renta nominal final / (1 + inflación acumulada). Variación real: [(1
+ variación nominal) / (1 + inflación acumulada) − 1] × 100. Estas expresiones
exigen utilizar intervalos iguales y conceptos homogéneos de renta.
La cuña fiscal
de la OCDE se obtiene dividiendo la suma de impuesto personal sobre la renta y
cotizaciones sociales del empleador y del trabajador, menos prestaciones
familiares en efectivo, entre el coste laboral total. No es idéntica al tipo
medio efectivo del IRPF, ni permite conocer la retención de una nómina
individual sin información adicional. La evolución entre 2018 y 2025
corresponde al perfil metodológico OCDE especificado, no a la fiscalidad media
de todas las familias.
Las
variaciones por componentes del IPC de diciembre de 2018 a septiembre de 2026
se calculan mediante la herramienta del INE con el sistema vigente de base
2025. El aumento del índice de precios de compraventa de vivienda del segundo
trimestre de 2026 es una tasa interanual distinta y no debe añadirse al IPC.
Las cantidades de los escenarios de ingresos y del modelo del impuesto
simplificado son cálculos didácticos propios. Los datos salariales disponibles
se detienen en 2024 para la Encuesta Anual de Estructura Salarial; no se
presentan estimaciones de cierre de 2026 como datos oficiales.
Anexo
B. Fuentes primarias y trazabilidad
F1
· INE · Calculadora IPC general, dic. 2018–dic. 2025 [Abrir fuente oficial]
F2
· INE · Variaciones por grupos, dic. 2018–sep. 2026 [Abrir fuente oficial]
F3
· INE · IPC septiembre 2026 (dato definitivo, publicado 14-10-2026) [Abrir
fuente oficial]
F4
· INE · Encuesta de Estructura Salarial 2018 [Abrir fuente oficial]
F5
· INE · Encuesta Anual de Estructura Salarial 2024, definitivos [Abrir
fuente oficial]
F6
· OCDE · Taxing Wages 2019, cifras de España para 2018 [Abrir fuente oficial]
F7
· OCDE · Taxing Wages 2026, nota España, datos de 2025 [Abrir fuente oficial]
F8
· INE · Índice de Precios de Vivienda, segundo trimestre de 2026 [Abrir
fuente oficial]
F9
· BOE · Real Decreto 1077/2017, salario mínimo para 2018 [Abrir fuente oficial]
F10
· BOE · Real Decreto 126/2026, salario mínimo para 2026 [Abrir fuente oficial]
Material
inicial examinado: «IMUESTOS Y PERDIDA DE PODER ECONOMICO.docx», aportado para
este informe. Contiene referencias abreviadas [[9]], [[17]], [[20]], [[21]],
[[41]], [[44]] sin bibliografía o URL identificable en el propio archivo. Se
consideran afirmaciones del documento de partida y no referencias primarias
verificadas.

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