II REPÚBLICA

Nota de autor:

Como he mencionado en diversas ocasiones, mi pensamiento es anarco liberal, he intentado crear un articulo lo mas honesto posible sin que mis ideas influyan, al menos eso he intentado, también me he salido de mi esquema clásico de una introducción seis partes y una conclusión porque creo que este tema lo tenía que abordad de otra manera

Introducción

“Hay cuatro matices importantes antes del texto. Primero: la República fue un régimen legítimo nacido de una crisis real de la monarquía, no una “usurpación comunista”. El Congreso resume bien que las municipales de abril de 1931 se interpretaron como plebiscito político y que la victoria republicana en las grandes ciudades precipitó la salida de Alfonso XIII. (Congreso de los Diputados) Segundo: tampoco fue una democracia idílica; tuvo violencia política, sectarismo, errores de gobierno y una incapacidad creciente para integrar a adversarios. Tercero: Guernica y Cabra deben tratarse sin propaganda: Guernica fue bombardeada por la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana al servicio de los sublevados; Cabra fue bombardeada por la aviación republicana y causó 109 muertos, con más de 200 o 300 heridos según las fuentes. (Repensar Guernica) Cuarto: Calvo Sotelo fue un detonante, no la causa única de la guerra; la conspiración militar ya estaba en marcha y la sublevación estalló el 17-18 de julio de 1936. (Congreso de los Diputados)”

La Segunda República española: democracia, conflicto y tragedia nacional

La Segunda República española no puede entenderse como una simple antesala de la Guerra Civil ni como un paréntesis luminoso destruido únicamente desde fuera. Fue, al mismo tiempo, un proyecto democrático de modernización, una ruptura profunda con la España de la Restauración, un intento de reformar estructuras sociales muy antiguas y un régimen incapaz de construir un consenso mínimo entre fuerzas que desconfiaban unas de otras hasta el extremo.

Su tragedia fue doble. Por un lado, quiso democratizar un país marcado por el caciquismo, la desigualdad agraria, el peso político de la Iglesia, el intervencionismo militar y la exclusión de amplios sectores populares. Por otro, nació en una Europa donde la democracia liberal estaba siendo atacada desde la derecha autoritaria, el fascismo, el comunismo revolucionario y los nacionalismos radicalizados. La República española no vivió en un laboratorio: vivió en el continente de Mussolini, Hitler, Stalin, la crisis de 1929 y el miedo a la revolución social.

El origen: una monarquía agotada

La República no aparece de la nada. La dictadura de Primo de Rivera había suspendido la normalidad constitucional desde 1923, con la aceptación del rey Alfonso XIII. Cuando la dictadura cayó en 1930, la monarquía quedó asociada al fracaso del régimen militar y al agotamiento del sistema de la Restauración. El problema ya no era sólo quién gobernaba, sino si la Corona podía volver a presentarse como árbitro neutral después de haber amparado una dictadura.

El Pacto de San Sebastián de agosto de 1930 reunió a republicanos, antiguos monárquicos desencantados, regionalistas y socialistas en torno a una estrategia común para traer la República. No fue todavía una revolución de masas, pero sí creó una plataforma política que permitió convertir el malestar en alternativa de poder. Un estudio jurídico-histórico sobre el pacto subraya que allí se estableció una alianza estratégica para facilitar la transición de la monarquía a la República y que también se incorporó el compromiso de reconocer un marco de autogobierno para Cataluña. (SciELO)

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 no fueron legalmente unas elecciones constituyentes, pero políticamente funcionaron como un plebiscito. En términos de concejales totales, el resultado fue más complejo de lo que muchas veces se dice, porque el mundo rural seguía muy condicionado por redes caciquiles y conservadoras. Pero en las grandes ciudades, donde el voto era más libre y menos dependiente de poderes locales tradicionales, el triunfo republicano fue claro. Madrid, Barcelona, Valencia y muchas capitales dieron una señal inequívoca: la monarquía había perdido legitimidad urbana y política. Dos días después, se proclamó la República.

La Constitución de 1931: modernización y conflicto

La Constitución de 1931 fue una de las más avanzadas de su tiempo. Reconoció derechos civiles, igualdad jurídica, sufragio femenino, libertad de conciencia, educación laica, protección social, autonomía regional y un papel activo del Estado en la economía. El artículo 36 establecía que los ciudadanos “de uno y de otro sexo” mayores de veintitrés años tendrían los mismos derechos electorales, lo que supuso la conquista del voto femenino. (Congreso de los Diputados)

Pero la Constitución también abrió conflictos muy duros. La cuestión religiosa fue el más explosivo. El artículo 26 sometía a las confesiones religiosas a una ley especial, prohibía que el Estado financiara a la Iglesia y abría la puerta a restricciones fuertes sobre las órdenes religiosas. (Congreso de los Diputados) Para los republicanos laicistas, aquello era una corrección histórica necesaria frente al poder tradicional de la Iglesia. Para millones de católicos, fue interpretado como una agresión directa a su identidad, a sus escuelas y a su modo de vida.

Ahí aparece uno de los grandes problemas de la República: muchas reformas podían ser necesarias, pero fueron percibidas por una parte importante del país como una política de exclusión. La República no logró convencer a los católicos conservadores de que podían vivir dentro del nuevo régimen sin sentirse vencidos. Y una parte de esos sectores tampoco aceptó sinceramente la legitimidad del nuevo marco republicano.

La educación fue otro punto central. El artículo 48 declaraba que la enseñanza primaria sería gratuita y obligatoria, reconocía la libertad de cátedra y afirmaba que la enseñanza sería laica. (Congreso de los Diputados) Desde una perspectiva moderna, el impulso educativo republicano fue una de sus grandes aportaciones: escuelas, maestros, bibliotecas, cultura pública. Pero en la España de los años treinta, donde la Iglesia tenía una presencia decisiva en la enseñanza, esa reforma fue vivida como una batalla cultural de primer orden.

El bienio reformista: ambición y precipitación

El primer bienio republicano-socialista, dirigido políticamente por Manuel Azaña, intentó actuar sobre todos los grandes problemas del país a la vez: Ejército, Iglesia, campo, educación, trabajo y autonomías. La reforma militar buscaba reducir un cuerpo sobredimensionado, politizado y con tradición de intervención en la vida pública. La reforma agraria pretendía corregir la concentración de la tierra y la miseria campesina, especialmente en el sur. La reforma educativa quería crear ciudadanía. El Estatuto de Cataluña intentaba integrar el pluralismo territorial en un Estado republicano.

El problema fue que las reformas avanzaron más rápido en el plano simbólico que en el material. La reforma agraria, por ejemplo, generó grandes expectativas entre los jornaleros, pero su aplicación fue lenta, burocrática y limitada. Para los propietarios, fue una amenaza; para muchos campesinos, una decepción. Así, la República consiguió irritar a unos sin satisfacer suficientemente a otros.

Casas Viejas, en enero de 1933, simbolizó ese fracaso. Una insurrección anarquista local fue reprimida con brutalidad por las fuerzas del orden. El episodio golpeó moralmente al gobierno de Azaña porque mostró que una República nacida prometiendo justicia podía actuar también con violencia de Estado contra los sectores populares. El ideal republicano quedaba herido desde dentro.

El bienio radical-cedista: alternancia legal y radicalización

Las elecciones de 1933 dieron la victoria al centro-derecha. Fue una alternancia legal y democrática. La izquierda perdió en parte por desgaste, división y abstención anarquista. La derecha católica, articulada alrededor de la CEDA, entró con fuerza en el Parlamento. La República demostraba que podía tener gobiernos de distinto signo. Pero también revelaba que muchos actores no aceptaban igual la democracia cuando ganaba el adversario.

El gobierno de Lerroux, con apoyo de la CEDA, rectificó o frenó reformas anteriores. Para la derecha, era una corrección necesaria de los excesos del primer bienio. Para la izquierda, era una amenaza de “fascistización” en un momento europeo marcado por Hitler y Mussolini. La entrada de ministros de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934 desencadenó una respuesta insurreccional de sectores socialistas y obreros.

La Revolución de Octubre de 1934 fue un punto de ruptura. En Asturias adquirió forma de revolución armada, con violencia contra fuerzas del orden, propietarios, religiosos y símbolos del poder. La represión posterior fue durísima. Las cifras habituales hablan de alrededor de 1.500 muertos y unos 20.000 detenidos. (El País)

Octubre de 1934 no “causó” automáticamente la Guerra Civil, pero sí destruyó mucha confianza. Para la derecha, confirmó que una parte de la izquierda aceptaba la democracia sólo si gobernaba ella. Para la izquierda, la represión confirmó que la derecha estaba dispuesta a usar el Ejército y la fuerza colonial contra los trabajadores. Desde entonces, la política española avanzó hacia una lógica de revancha.

El Frente Popular: victoria legítima, autoridad debilitada

En febrero de 1936 ganó el Frente Popular. Reducir esa victoria a “fraude” es propaganda franquista. Hubo irregularidades, tensiones y violencia electoral, como en otras elecciones de la época, pero la tesis de que el gobierno nacido de febrero de 1936 era ilegítimo fue una construcción política útil para justificar el golpe.

Ahora bien, reconocer la legitimidad electoral del Frente Popular no obliga a negar el deterioro del orden público. Entre febrero y julio de 1936 aumentaron las huelgas, las ocupaciones de fincas, los incendios de iglesias, los choques entre militantes de izquierda y derecha, los asesinatos políticos y la sensación de que el Estado perdía capacidad arbitral. La República no era una dictadura comunista, pero tampoco era ya una democracia serena.

El Congreso resume ese clima señalando que la tensión en el campo y en las ciudades se reflejaba en las Cortes, centradas cada vez más en el orden público; el teniente Castillo fue asesinado por grupos armados de la derecha el 12 de julio, y Calvo Sotelo al día siguiente por grupos armados de la izquierda. (Congreso de los Diputados)

El asesinato de Calvo Sotelo fue gravísimo porque implicó a miembros de fuerzas de seguridad y golpeó la idea misma de Estado. Pero no debe presentarse como causa única de la guerra. Fue el acelerador final de una conspiración militar que ya existía. Mola, Sanjurjo, Franco, Goded y otros sectores militares llevaban tiempo preparando una salida de fuerza. La sublevación comenzó en Marruecos el 17 de julio y se extendió a la Península el 18. Su fracaso parcial convirtió el golpe en guerra.

La Guerra Civil: cuando el Estado se rompe

La Guerra Civil no fue simplemente “dos Españas” enfrentadas. Fue una combinación de golpe militar, revolución social, guerra de clases, conflicto religioso, choque territorial, guerra internacional indirecta y ensayo de violencia europea. En el bando sublevado confluyeron militares africanistas, monárquicos, carlistas, falangistas, católicos conservadores y sectores de orden. En el republicano convivieron republicanos liberales, socialistas moderados, socialistas revolucionarios, comunistas, anarquistas, nacionalistas vascos y catalanes.

La intervención exterior fue decisiva. Los sublevados recibieron ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista; la República recibió apoyo de la Unión Soviética y de las Brigadas Internacionales, mientras las democracias occidentales mantuvieron una política de no intervención que perjudicó especialmente al gobierno legal republicano. LSE resume ese marco: los rebeldes fueron apoyados por la Italia fascista y la Alemania nazi, mientras los republicanos fueron ayudados por la Unión Soviética. (LSE)

Pero la ayuda soviética tuvo un coste político. La República necesitaba armas para sobrevivir y Moscú se convirtió en proveedor fundamental. El envío de gran parte del oro del Banco de España a la URSS fue una decisión desesperada de financiación militar, no simplemente un “robo ruso” como dijo la propaganda franquista; el Museo Virtual de la Guerra Civil Española señala que tres cuartas partes de las reservas viajaron a la URSS y fueron usadas para pagar armas, suministros y compras exteriores. (Virtual Spanish Civil War) Aun así, esa dependencia favoreció el crecimiento del poder comunista en la zona republicana y alimentó la represión contra rivales internos, especialmente anarquistas disidentes y el POUM.

Represión republicana y represión franquista: ambas reales, no idénticas

La violencia republicana existió, fue masiva y no puede minimizarse. En los primeros meses de la guerra, allí donde fracasó el golpe pero el Estado quedó desarticulado, surgieron comités, patrullas, checas y milicias que practicaron detenciones, torturas y asesinatos. La persecución religiosa fue especialmente grave: sacerdotes, frailes, monjas y laicos católicos fueron asesinados por su identidad religiosa o por ser asociados al viejo orden social. Hubo matanzas de presos, “paseos” y eliminación de enemigos políticos.

Negar esto sería propaganda. Pero tampoco debe explicarse como si toda la República democrática hubiera sido desde el principio una maquinaria uniforme de exterminio. En buena parte fue violencia revolucionaria nacida del colapso del Estado tras el golpe, aunque hubo también episodios organizados, complicidades políticas y responsabilidades concretas.

La represión franquista también fue real y, además, tuvo un carácter más sistemático, más prolongado y de mayor escala. No se limitó a los meses iniciales de la guerra: continuó durante la posguerra mediante consejos de guerra, cárceles, campos, depuraciones, trabajos forzados y ejecuciones. Espinosa Maestre, al presentar trabajos sobre represión, situaba la republicana por debajo de 50.000 víctimas y la franquista en al menos 130.199, con datos incompletos y posibilidad de aumento. (Europa Press) Paul Preston resume la diferencia de escala señalando que unas 50.000 personas favorables o sospechosas de simpatizar con los sublevados fueron asesinadas en zona republicana, mientras que alrededor de tres veces esa cifra fue ejecutada en zonas controladas por Franco. (EL PAÍS English)

La diferencia esencial no está sólo en el número. Está también en la duración y en la estructura. En la zona republicana, la mayor violencia se concentró en los primeros meses, cuando el Estado se hundió parcialmente. En la zona franquista, la represión fue un instrumento de construcción del nuevo poder: limpiar retaguardias, destruir organizaciones obreras, castigar a maestros, alcaldes, sindicalistas, masones, republicanos, socialistas, anarquistas y cualquier base social de la República.

Guernica: hecho histórico y símbolo universal

Guernica fue bombardeada el 26 de abril de 1937 por la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana al servicio de los sublevados. No fue destruida por los “rojos”, como sostuvo la propaganda franquista. El Museo Reina Sofía señala que la Legión Cóndor y fuerzas aéreas italianas bombardearon la ciudad vasca por orden del ejército franquista, dejándola en ruinas y causando un elevado número de muertes. (Repensar Guernica)

La destrucción fue inmensa. El Museo de la Paz de Gernika indica que durante más de tres horas se lanzaron entre 31 y 41 toneladas de explosivos, en gran parte incendiarios, con el 85,22% de los edificios destruidos y el 99% de la villa afectada. (Museo de la Paz de Gernika)

La cifra de muertos es uno de los puntos que hay que tratar con más cuidado. El Gobierno vasco habló entonces de 1.654 muertos, cifra mantenida por algunas interpretaciones y por sectores de la memoria vasca. Pero otras investigaciones han ofrecido cifras menores: 126, 153, 250 o 300, según metodología, registros conservados y criterios de inclusión. Lo riguroso no es elegir la cifra que convenga ideológicamente, sino explicar que la horquilla está discutida. Para un artículo imparcial, yo no presentaría 1.654 como cifra cerrada ni tampoco “menos de 100” como verdad definitiva. La formulación más limpia sería: “Guernica causó al menos más de un centenar de muertos y probablemente varios centenares; las cifras modernas más prudentes suelen moverse entre unas 126/153 víctimas identificadas y estimaciones de hasta 250-300, mientras otras líneas historiográficas mantienen cifras muy superiores.” (Noticias de Gipuzkoa)

Guernica fue además un símbolo porque anticipó la guerra aérea moderna contra población civil. Su impacto internacional, el artículo de George Steer, la negación franquista y el cuadro de Picasso convirtieron el episodio en un emblema universal. Eso no hace más valiosas a sus víctimas que otras, pero sí explica por qué su memoria tuvo más resonancia mundial.

Cabra: la tragedia que no debe borrarse

Cabra fue bombardeada el 7 de noviembre de 1938 por la aviación republicana. Era retaguardia sublevada, había presencia militar y un centro de reclusión, pero el ataque afectó de lleno a zonas civiles, especialmente al mercado. El Ayuntamiento de Cabra cifra el ataque en 109 muertos y más de 300 heridos. (cabra.eu)

Aquí también hay que evitar la propaganda. La derecha ha usado Cabra muchas veces como “el Guernica republicano” para relativizar Guernica o para construir una equivalencia automática. La izquierda, por el contrario, lo ha silenciado o reducido porque incomoda el relato de la República como víctima pura. Las dos operaciones son falsas.

Cabra demuestra que la aviación republicana también mató civiles y que la memoria de las víctimas no debe depender de la utilidad política posterior. Pero Cabra no borra Guernica, igual que Guernica no borra Cabra. Son dos crímenes o tragedias de guerra con contextos, escalas, intenciones y repercusiones distintas, pero con un denominador moral común: civiles muertos por bombas lanzadas desde el aire.

La comparación correcta no debe hacerse para empatar culpas, sino para limpiar la memoria. Guernica no fue un invento rojo. Cabra no fue un invento franquista. Ambos hechos ocurrieron. Ambos fueron usados propagandísticamente. Ambos merecen una explicación sin inflar ni esconder.

Verdades incómodas para ambos relatos

La propaganda franquista mintió al negar la responsabilidad sublevada en Guernica, al presentar la guerra como una simple “Cruzada” defensiva, al minimizar su represión y al ocultar que el golpe militar destruyó la legalidad republicana. También construyó durante décadas una memoria oficial donde los muertos propios eran mártires y los muertos republicanos eran culpables incluso después de muertos.

La propaganda republicana o izquierdista también ha mentido cuando ha minimizado la violencia revolucionaria, la persecución religiosa, las checas, Paracuellos, los asesinatos de presos, el peso creciente del comunismo soviético o la eliminación de disidentes dentro de la propia zona republicana. Defender la legalidad de la República no exige blanquear todos los actos cometidos en su retaguardia.

La verdad histórica no consiste en decir “todos fueron iguales”. No lo fueron. Pero tampoco consiste en convertir a un lado en ángel y al otro en demonio absoluto. La República fue el régimen legal; el franquismo nació de un golpe militar y desembocó en una dictadura. Esa diferencia es decisiva. Pero dentro de la zona republicana se cometieron atrocidades reales. Y dentro del mundo conservador hubo españoles que no fueron fascistas, del mismo modo que dentro de la izquierda hubo demócratas sinceros y también revolucionarios dispuestos a liquidar al adversario.

Balance final

La Segunda República fue un proyecto democrático y modernizador que intentó resolver en pocos años problemas acumulados durante décadas: la tierra, la escuela, el Ejército, la Iglesia, la autonomía regional, la desigualdad social y la participación política de las masas. Su grandeza estuvo en abrir puertas que la España tradicional había mantenido cerradas: voto femenino, educación pública, derechos laborales, ciudadanía laica, reforma del Estado.

Su debilidad estuvo en no construir un consenso suficientemente amplio para sostener esas reformas. La derecha católica y monárquica vio muchas veces la República como una amenaza existencial. La izquierda obrera, especialmente tras 1933, tendió en parte a considerar insuficiente la democracia parlamentaria. Los anarquistas rechazaban el Estado. Los militares conspiradores despreciaban la soberanía popular. Los extremistas de ambos lados convirtieron al adversario en enemigo.

La Guerra Civil no fue inevitable desde 1931, pero fue haciéndose cada vez más probable por la acumulación de fracasos, miedos, venganzas y discursos de exclusión. El golpe de julio de 1936 fue la ruptura decisiva: sin golpe no habría habido Guerra Civil. Pero sin la previa descomposición de la convivencia, el golpe quizá no habría encontrado el mismo terreno.

La República merece ser defendida como legalidad democrática frente al golpe. Pero la historia no debe convertirse en catecismo. Defender la República no implica negar Casas Viejas, Octubre de 1934, Paracuellos, las checas, la persecución religiosa o Cabra. Condenar el franquismo no implica negar la violencia revolucionaria. Y reconocer víctimas de ambos lados no significa igualar responsabilidades históricas.

Conclusión

 la Segunda República fue una oportunidad democrática real, nacida de una crisis legítima de la monarquía, impulsada por un programa modernizador y destruida por una combinación de polarización interna, violencia política, errores de gobierno, radicalización social y, finalmente, un golpe militar que abrió la puerta a una guerra y a una dictadura de casi cuarenta años.

Ese es el punto justo,: ni República angelical ni República criminal por naturaleza; ni franquismo salvador ni simple accidente autoritario. Una democracia difícil, una sociedad fracturada, un golpe contra la legalidad, una guerra brutal y una memoria todavía manipulada por demasiados herederos de propaganda.

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Comentarios

  1. Excelente ejercicio de honestidad intelectual y rigor histórico. Da gusto leer un análisis tan equilibrado, alejado de las trincheras ideológicas y de la propaganda de ambos bandos. El tratamiento de la represión y de los bombardeos de Guernica y Cabra es impecable: rescata los hechos sin caer en el blanqueamiento ni en la falsa equivalencia. Romper tu esquema habitual para dar cabida a tantos matices ha sido todo un acierto. ¡Enhorabuena!
    Corto, al grano y mantiene el reconocimiento a tu trabajo.

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