EL
TEMPLO PADMANABHASWAMY
“LA
BÓVEDA B”
Introducción
El Templo
Padmanabhaswamy, ubicado en Thiruvananthapuram, capital del estado indio de
Kerala, constituye uno de los enclaves religiosos más emblemáticos del
subcontinente, tanto por su relevancia espiritual dentro del hinduismo como por
los enigmas que encierra en sus entrañas. Dedicado a Vishnu en su forma de
Padmanabha (el dios reclinado sobre la serpiente cósmica Ananta), este
santuario dravídico, gestionado históricamente por la familia real de
Travancore, se convirtió en el centro de un debate global tras el hallazgo de
una inmensa fortuna en sus cámaras subterráneas: lingotes de oro, coronas
ornamentadas con diamantes, monedas de siglos pasados y joyas rituales que
atestiguan la riqueza acumulada durante generaciones.
Sin embargo,
entre las siete cámaras denominadas con letras, una permanece cerrada hasta
hoy: la Bóveda B. A diferencia de las otras seis, cuya apertura fue ordenada
por el Tribunal Supremo de India en 2011, la Bóveda B ha resistido tanto la
curiosidad moderna como la presión judicial, protegida por una combinación de
mitología, normas religiosas, y una intensa carga simbólica. Para muchos, su
clausura perpetua no obedece solo a razones litúrgicas, sino que representa una
frontera metafísica entre lo sagrado y lo profano, entre la reverencia
tradicional y la racionalidad tecnocientífica que intenta someterlo todo a la
evidencia empírica.
Este documento
propone un análisis integral del fenómeno de la Bóveda B, atendiendo a sus
dimensiones históricas, arqueológicas, jurídicas, teológicas y filosóficas. Se
examinarán los hallazgos en las otras cámaras, las especulaciones sobre el
contenido sellado, el papel de las creencias religiosas, las disputas legales
entre el Estado y la familia real, y las tensiones entre la modernidad secular
y la resistencia cultural. Asimismo, se planteará una reflexión crítica sobre
cómo el misterio de la Bóveda B interpela categorías fundamentales como lo
oculto, lo intangible y lo prohibido, no solo en el contexto de la India, sino
como un arquetipo universal de lo inexplorado.
1. El Templo
Padmanabhaswamy: ubicación, historia y razones físicas y simbólicas por las que
la Bóveda B nunca ha sido abierta
El Templo
Padmanabhaswamy se encuentra en la ciudad de Thiruvananthapuram, en el estado
de Kerala, al sur de la India. Considerado uno de los templos más antiguos y
reverenciados del país, su existencia está documentada desde al menos el siglo
VIII, aunque se presume que sus orígenes se remontan a épocas mucho más
remotas, posiblemente al periodo sangam (c. 300 a.C. – 300 d.C.). El templo es
uno de los 108 Divya Desams —los santuarios más sagrados dedicados a Vishnu
según la tradición vaishnavita— y su gestión ha estado históricamente vinculada
a la familia real de Travancore, la cual se considera a sí misma como sirviente
del dios ("Padmanabha Dasa") y no como propietaria del templo.
El templo está
construido en estilo dravídico, con una elaborada gopuram (torre de entrada),
una disposición axial rigurosa y múltiples recintos concéntricos que reflejan
jerarquías tanto espaciales como espirituales. En sus niveles más profundos se
hallan siete cámaras subterráneas denominadas con las letras A a G, que han
sido objeto de creciente atención desde que, por mandato de la Corte Suprema de
India en 2011, se abrieran seis de ellas revelando un tesoro sin precedentes.
No obstante, la Bóveda B, situada bajo la torre occidental del templo,
permanece cerrada.
Las razones
para su clausura son múltiples y se entrelazan entre lo físico, lo simbólico y
lo mitológico. Desde el punto de vista arquitectónico, se especula que
su acceso está sellado por una combinación de estructuras de hierro, piedra y
madera, cuyo mecanismo de apertura es desconocido. Algunos informes sugieren la
existencia de sistemas de bloqueo que podrían haberse degradado o sellado permanentemente
a lo largo de los siglos, lo que convertiría su apertura en una operación de
alto riesgo para la integridad del templo.
Desde una perspectiva
religiosa y simbólica, la Bóveda B es considerada sagrada y prohibida. Se
cree que contiene el sanctasanctórum de una deidad o de una fuerza que no debe
ser perturbada. Textos tradicionales vinculados al templo y la tradición oral
de los sacerdotes sostienen que abrirla equivaldría a violar un pacto
espiritual que trasciende generaciones. En algunos relatos, se afirma que el
acceso a la bóveda solo podría lograrse mediante un ritual secreto conocido
como ‘Garuda Mantra’, que ya nadie sabe realizar. Según esta cosmovisión,
no se trata de una simple puerta, sino de un umbral entre mundos: lo visible y
lo invisible, lo humano y lo divino.
En resumen, la
negativa a abrir la Bóveda B no puede entenderse únicamente desde criterios
materiales o jurídicos. Constituye una manifestación de una lógica cultural
distinta, en la que el conocimiento no siempre debe ser desvelado y donde el
acto de no mirar puede ser tan poderoso como el de observar. Su clausura
sostenida es, en última instancia, un gesto ritual que protege un espacio de lo
incognoscible, custodiado por el respeto y el temor reverencial que configuran
la noción de lo sagrado en el hinduismo.
2. ¿Qué
tesoros se encontraron en las otras bóvedas del templo y qué se especula que
contiene la Bóveda B?
En 2011, tras
una disputa legal entre descendientes de la familia real de Travancore y el
gobierno indio, la Corte Suprema de India ordenó una auditoría del Templo
Padmanabhaswamy, incluyendo la apertura de sus cámaras subterráneas. El
objetivo era establecer con claridad la magnitud y la titularidad de los bienes
almacenados. La operación reveló un hallazgo que asombró al mundo: las seis
bóvedas abiertas (A, C, D, E, F y G) contenían un tesoro de valor incalculable,
resguardado durante siglos sin inventario ni documentación oficial.
Los informes
preliminares estimaron el contenido en más de 22.000 millones de dólares
en oro, piedras preciosas y arte sacro. Se encontraron toneladas de lingotes
de oro puro, monedas de oro de diversas épocas (romanas,
napoleónicas, mogolas), coronas enjoyadas, collares de esmeraldas del
tamaño de huevos de paloma, estatuas de Vishnu en oro macizo, collares
rituales de varios metros de longitud, y una amplia gama de objetos
ceremoniales elaborados con metales preciosos y piedras talladas. A nivel
arqueológico, estos hallazgos constituyen una muestra del sincretismo histórico
de la región, ya que incluyen monedas y ornamentos procedentes de distintas
rutas comerciales entre Asia, Europa y Oriente Medio.
La Bóveda A,
la primera en abrirse, albergaba el mayor volumen y valor, y su contenido fue
descrito como una verdadera cámara del tesoro real. Las bóvedas D y E contenían
también una gran cantidad de ofrendas rituales y joyas, pero estaban en
condiciones más desordenadas. La Bóveda G fue hallada vacía o irrelevante. La
Bóveda C albergaba documentos, escrituras y objetos religiosos de valor
histórico.
Sin embargo, la
Bóveda B permanece cerrada, lo que ha alimentado toda clase de
especulaciones. Dado que se cree que nunca ha sido abierta en los últimos
siglos y que su ubicación está directamente bajo la torre sagrada (gopuram
occidental), se presume que podría contener elementos aún más antiguos y
sagrados. Algunas teorías apuntan a la posibilidad de que en su interior se
encuentren objetos de poder religioso excepcional —como reliquias, textos
vedánticos antiguos o emblemas simbólicos de realeza divina—. Otras conjeturas
más fantasiosas sugieren la existencia de trampas mortales, mecanismos de
protección, o incluso portales metafísicos sellados por antiguos sabios
mediante rituales esotéricos.
La especulación
también se ha visto exacerbada por la opacidad en torno a los informes
oficiales, las contradicciones entre los testigos y el hecho de que, en una
ocasión, se habrían hecho intentos de abrir la cámara con maquinaria moderna
que resultaron fallidos o interrumpidos por presuntas "señales
adversas" interpretadas por los sacerdotes como advertencias divinas.
En este
contexto, la Bóveda B ha dejado de ser un mero contenedor físico para
convertirse en un símbolo: la última puerta cerrada, el reducto del
misterio, el eco tangible de una civilización que aún resiste a ser despojada
de su dimensión sagrada por la mirada tecnocrática contemporánea.
3. El papel
de las creencias religiosas y las leyendas en la decisión de no abrir la Bóveda
B
La negativa a
abrir la Bóveda B del Templo Padmanabhaswamy no puede entenderse sin considerar
el peso de las creencias religiosas, las normas rituales del hinduismo y un
complejo entramado de leyendas transmitidas a lo largo de generaciones. Este
acto de resistencia —sostenido incluso frente a decisiones judiciales y
presiones del Estado— no se basa en una mera obstinación política o
administrativa, sino en una cosmovisión profundamente arraigada, donde lo
sagrado no es objeto de intervención arbitraria, sino de veneración y temor
reverencial.
Según la
tradición del templo y los agamas (textos rituales del hinduismo que
regulan el culto), ciertas cámaras no deben ser abiertas sin la debida
autoridad espiritual, y mucho menos por medios mecánicos o profanos. La Bóveda
B, a diferencia de las demás, estaría asociada a una deidad guardian y a un
equilibrio energético y espiritual del templo que no debe ser perturbado. Esta
idea no es simbólica en sentido metafórico: para los sacerdotes y devotos, el
abrir esa cámara podría desencadenar consecuencias cósmicas reales, visibles y
desastrosas, como la caída del templo, la desgracia sobre la región o incluso
el desequilibrio del dharma (orden cósmico).
Una de las
leyendas más citadas sostiene que la Bóveda B está sellada mediante el “Naga
Bandham”, un ritual tántrico de clausura realizado por sabios antiguos con
el propósito de proteger un poder místico latente. La única forma de abrirla,
según esta creencia, sería mediante la correcta entonación del “Garuda
Mantra” por un sacerdote plenamente iniciado en los saberes tántricos, cosa
que hoy no sería posible, pues se considera que ya no existen seres humanos con
la capacidad espiritual y el conocimiento adecuados para realizarlo sin
consecuencias nefastas. La presencia de serpientes esculpidas en el umbral de
la cámara refuerza simbólicamente esta narrativa: el naga es en el hinduismo un
ser liminal, guardián de secretos y protector del saber oculto.
Además, la
tradición local sostiene que intentos pasados de forzar la apertura de la
bóveda han sido interrumpidos por eventos inquietantes. Un relato ampliamente
difundido —aunque no documentado oficialmente— narra que durante una inspección
en 1931, cuando se trató de forzar la entrada, se escucharon sonidos extraños,
lo que fue interpretado como una señal de advertencia divina. En 2011, cuando
se reanudó el interés por abrirla tras el hallazgo del tesoro en otras cámaras,
los sacerdotes más veteranos del templo se opusieron públicamente, alegando que
incluso hablar de abrir la Bóveda B era ya una transgresión espiritual.
Estas creencias
no son meros mitos folclóricos; configuran una estructura simbólica activa que
determina la conducta de los actores involucrados, incluidos jueces,
funcionarios y miembros de la familia real. En este contexto, el acto de no
abrir la bóveda se convierte en un ritual de respeto al misterio, un rechazo
consciente a la lógica de la profanación. Se preserva no solo una cámara, sino
una concepción del mundo donde lo sagrado tiene un valor intrínseco,
inviolable, y donde el conocimiento no autorizado puede ser destructivo, no
iluminador.
La tensión
entre esta cosmovisión y los valores de la modernidad secular (transparencia,
conocimiento total, control tecnológico) no ha podido resolverse. La Bóveda B
representa así una frontera viva entre dos epistemologías: la que afirma que
todo debe ser revelado, y la que sostiene que no todo lo oculto debe ser
develado, porque hay verdades cuyo velo protege, en lugar de ocultar.
4.
Implicaciones legales y políticas del intento de abrir la Bóveda B
La controversia
en torno a la apertura de la Bóveda B del Templo Padmanabhaswamy no solo ha
despertado interés religioso y mediático, sino que también ha desencadenado un
complejo entramado de disputas legales, institucionales y políticas. Lejos de
ser un conflicto meramente local, el caso ha implicado a la Corte Suprema de
India, a organismos de protección del patrimonio, al gobierno central y
estatal, y a la histórica familia real de Travancore, cuyos vínculos con
el templo están consagrados tanto por la tradición como por documentos
jurídicos anteriores a la independencia.
El punto de
inflexión legal se produjo en 2011, cuando la Corte Suprema autorizó una
investigación exhaustiva del templo para clarificar la gestión de sus bienes.
La decisión fue motivada por una denuncia de irregularidades en la
administración y por la necesidad de inventariar los bienes del templo,
considerados parte del patrimonio nacional. A raíz de esta sentencia, se abrió
una comisión de auditoría, y seis de las siete cámaras subterráneas fueron
abiertas bajo estrictas medidas de seguridad. El hallazgo del monumental tesoro
aumentó exponencialmente la presión para abrir la Bóveda B, percibida
como la última gran cámara por explorar.
Sin embargo, la
oposición vino desde múltiples frentes. Por un lado, la familia real de
Travancore, aunque legalmente había sido apartada del control
administrativo, siguió ejerciendo una fuerte influencia simbólica y social. Sus
representantes argumentaron que la Bóveda B no contenía solo objetos
materiales, sino elementos espirituales inalienables del culto a Vishnu, y que
su apertura sin justificación ritual constituiría una profanación de lo
sagrado y una agresión a la soberanía cultural del templo.
Por otro lado,
los sacerdotes tradicionales (Tantris) y custodios rituales alegaron que
ninguna autoridad judicial o gubernamental posee la legitimidad para ordenar la
apertura, dado que el templo no es una institución pública en sentido pleno,
sino una entidad consagrada a una deidad que, según la cosmovisión hindú, es el
verdadero propietario del lugar. Esta postura ha sido apoyada por sectores
religiosos que ven en la intervención del Estado un reflejo del secularismo
invasivo, heredado del marco legal colonial británico.
El
enfrentamiento adquirió dimensiones simbólicas mayores cuando la Corte Suprema,
en una sentencia de 2020, revirtió parcialmente su postura inicial, reconociendo
el derecho de la familia real a participar nuevamente en la administración del
templo, y subrayando la necesidad de respetar el carácter autónomo y
espiritual de la institución. Esta decisión fue interpretada por muchos como un
giro jurisprudencial hacia el reconocimiento del pluralismo religioso y
cultural dentro del Estado indio, y un límite a la imposición de criterios
racionalistas o economicistas sobre los espacios sagrados.
Además, el
debate sobre la apertura de la Bóveda B ha generado interrogantes sobre la
propiedad de los tesoros encontrados: ¿pertenecen a la nación india, al templo,
a la deidad Vishnu, o a los fieles que los han donado durante siglos? ¿Debe el
Estado intervenir para preservar el patrimonio, o respetar la autonomía de los
recintos religiosos? Estas preguntas han adquirido especial relevancia en un
país donde la tensión entre laicismo estatal y diversidad religiosa es
una constante desde la independencia.
En suma, el
caso de la Bóveda B se ha transformado en un campo de disputa entre diversas
soberanías: la del Estado moderno, la de las instituciones religiosas
tradicionales, la de la comunidad devota y la del propio imaginario colectivo.
No se trata únicamente de una puerta cerrada, sino de una frontera legal,
cultural y política que continúa sin resolverse plenamente.
5. La Bóveda
B como límite entre lo humano y lo divino: lo sagrado, lo prohibido y lo
desconocido en la cultura india
En el entramado
simbólico del hinduismo y, por extensión, de la cultura india tradicional, la
Bóveda B del Templo Padmanabhaswamy ha dejado de ser simplemente una estructura
arquitectónica para convertirse en un lugar-límite: un umbral entre
dimensiones existenciales, entre lo visible y lo oculto, entre la curiosidad
racional y el misterio sacro. Este tipo de espacios, cuya transgresión está
ritual y culturalmente vedada, encarnan una categoría ancestral: lo prohibido
no por temor, sino por reverencia.
La tradición
religiosa hindú está profundamente imbricada con nociones de lo sagrado
inmanente. A diferencia de muchas concepciones occidentales en las que lo
divino habita en un plano trascendente y separado del mundo, en la visión hindú
lo sagrado se manifiesta en lo material, en los objetos, los lugares y
las prácticas cotidianas. Un templo, por tanto, no es simplemente un edificio:
es la residencia real de la deidad. En este contexto, abrir la Bóveda B sin el
ritual adecuado no equivale a explorar una cámara, sino a invadir un espacio
divino, a cruzar un límite que solo ciertos iniciados pueden traspasar.
La noción de lo
prohibido dentro de esta cosmovisión no responde a una lógica de
ocultamiento, sino a una pedagogía del misterio. Lo que no debe tocarse, lo que
no debe conocerse plenamente, adquiere valor precisamente por su
inaccesibilidad. La Bóveda B se convierte así en un símbolo de lo que el ser
humano no debe dominar ni poseer, porque su contenido —sea físico,
espiritual o simbólico— pertenece a un orden superior.
Esta actitud
hacia lo desconocido contrasta fuertemente con los valores del racionalismo
moderno, en los que el conocimiento se asocia con el progreso y la iluminación,
y en los que todo misterio es un desafío por resolver. En la lógica sagrada
india, en cambio, la ignorancia voluntaria puede ser un acto de sabiduría,
y mantener el velo sobre ciertos aspectos de la realidad no es superstición,
sino respeto por la asimetría ontológica entre lo humano y lo divino.
La permanencia
sellada de la Bóveda B también puede interpretarse como una forma de resistencia
cultural frente al impulso totalizador del saber contemporáneo. En una
época donde el acceso a la información es casi ilimitado, y donde la tecnología
promete revelarlo todo, la existencia de un espacio inviolado en pleno siglo
XXI actúa como recordatorio de que no todo puede ni debe conocerse.
Además, en la
cultura india existe una rica tradición de espacios ocultos y cámaras
secretas en templos, palacios y santuarios, donde no se trata solo de
proteger bienes materiales, sino de preservar una sacralidad que no puede
exponerse a la mirada pública sin que se degrade. La Bóveda B es, en ese
sentido, un símbolo arquetípico de lo inexplorado —no como frontera
geográfica, sino como umbral espiritual.
Por último, su
simbolismo no es estático. En el imaginario contemporáneo —alimentado por
leyendas, medios de comunicación y debates judiciales— la bóveda ha adquirido
un carácter casi mitológico, evocando imágenes de maldiciones,
guardianes invisibles y tesoros malditos. Estos elementos narrativos, aunque
alejados del núcleo doctrinal del hinduismo, actúan como capas adicionales que
refuerzan el aura de misterio, y que revelan cómo la cultura india negocia
continuamente entre tradición y modernidad, fe y racionalidad, lo sagrado y lo
mediático.
6. ¿Es la
Bóveda B un símbolo de resistencia cultural frente a la curiosidad científica y
el colonialismo moderno?
La permanencia
cerrada de la Bóveda B del Templo Padmanabhaswamy, a pesar de las presiones
judiciales, políticas y mediáticas, puede interpretarse no solo como una
decisión religiosa o administrativa, sino como una manifestación simbólica
de resistencia cultural frente a dos de los grandes vectores de la
modernidad: el cientificismo y la lógica colonial del conocimiento.
Desde el siglo
XIX, la expansión del colonialismo europeo en Asia se acompañó de una voluntad
de sistematizar, clasificar y apropiarse del conocimiento de los pueblos
conquistados. Esta tarea fue realizada en nombre de la ciencia, el progreso y
la administración racional del mundo. Los templos, palacios, mitos, lenguas,
escrituras y ritos de las civilizaciones no europeas fueron sometidos a una
mirada externa que buscaba “desenmascarar” el sentido profundo de las culturas
locales, despojándolas muchas veces de su autonomía epistemológica. En este
contexto, la figura del arqueólogo, del antropólogo o del filólogo occidental
se convirtió, simbólicamente, en el nuevo conquistador del misterio.
La Bóveda B, en
tanto cámara sagrada que se niega a ser abierta, constituye una ruptura
radical con este paradigma. Al rechazar su exploración por medios técnicos
o coercitivos, los custodios del templo y amplios sectores de la sociedad india
están reivindicando algo más profundo: el derecho a preservar zonas de lo
incognoscible, a mantener espacios no cartografiados por la lógica ilustrada,
a afirmar que hay saberes que no deben ser apropiados ni instrumentalizados.
Es, en este sentido, una declaración de soberanía espiritual y cultural.
Esta actitud no
implica un rechazo a la ciencia per se, sino una crítica al cientificismo
reduccionista, que asume que todo puede y debe ser explicado, medido y
revelado. Frente a esta visión, la India ha conservado una cosmovisión en la
que el conocimiento no es necesariamente acumulación de datos, sino también
experiencia interior, contemplación, y aceptación de lo misterioso. La negativa
a abrir la bóveda es, entonces, una forma de resistencia a la
desmitologización forzada del mundo.
Asimismo, en el
contexto poscolonial, el caso Padmanabhaswamy puede leerse como un episodio
donde la India —y en particular sus estructuras tradicionales— afirman su
derecho a definir qué es patrimonio, qué es sagrado, y quién tiene
legitimidad para intervenir en esos espacios. La presión internacional por
abrir la bóveda ha sido leída por algunos intelectuales como un eco de la
mentalidad extractivista colonial, ahora reformulada en términos mediáticos,
judiciales o turísticos. Frente a esto, la bóveda cerrada se erige como símbolo
de autocontención, de memoria no negociable, de lo inviolable frente a la
voracidad moderna.
Por último, en
una época donde todo tiende a ser digitalizado, registrado y monetizado, la
existencia de un lugar material cuya esencia se define por no ser revelada,
resulta profundamente contraintuitiva. Es, en cierto sentido, una herejía
frente al paradigma dominante del big data y la transparencia total. Y es
precisamente en ese gesto de negación —en ese no saber voluntario— donde la
Bóveda B se convierte en símbolo universal de lo irrenunciablemente otro,
de una alteridad que ni el mercado, ni la ciencia, ni el poder han logrado
conquistar.
Conclusión
El misterio de
la Bóveda B del Templo Padmanabhaswamy trasciende largamente el ámbito de lo
arqueológico o lo religioso. Su persistente clausura se revela como un fenómeno
cargado de significado en múltiples niveles: histórico, teológico, jurídico,
político y filosófico. Más allá de su hipotético contenido material, la bóveda
actúa como una figura-límite que interpela directamente al pensamiento moderno,
cuestionando sus certezas epistémicas y sus impulsos expansionistas.
En su negativa
a ser abierta, la Bóveda B no expresa ignorancia ni superstición, sino una
forma particular de sabiduría: la que reconoce los límites de lo humano frente
a lo sagrado, y que afirma que no todo lo desconocido debe ser desvelado. En
una época marcada por la transparencia forzada, la obsesión por el control y la
lógica de la acumulación de datos, la existencia de un espacio inviolado se
vuelve profundamente subversiva. Actúa como recordatorio de que hay esferas
—culturales, espirituales, simbólicas— que resisten a ser traducidas al
lenguaje del poder técnico, jurídico o económico.
Al mismo
tiempo, el caso de la Bóveda B pone en evidencia tensiones no resueltas entre
el Estado moderno y las estructuras tradicionales, entre la secularización y la
sacralidad, entre el derecho positivo y los sistemas normativos ancestrales. Su
análisis obliga a reconsiderar qué entendemos por patrimonio, por soberanía
cultural y por respeto a la alteridad.
Lejos de ser un
simple cofre sellado, la Bóveda B se presenta como un símbolo vivo de la
India profunda, en la que conviven, no sin fricciones, las herencias
védicas, los desafíos del constitucionalismo contemporáneo y la pervivencia de
una espiritualidad que aún se niega a rendirse ante los dictados del mundo
profano.

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