EL
MAPA DE URBANO MONTE
Introducción
En 1587, el
noble milanés Urbano Monte completó uno de los mapas más ambiciosos y
enigmáticos del Renacimiento: una representación del mundo conocida como Planisferio
di Urbano Monte, compuesta por 60 hojas unidas en una enorme proyección
polar. A diferencia de otras obras cartográficas de su tiempo, el mapa de Monte
no se limita a trazar territorios: es un documento que fusiona conocimiento
científico, visión filosófica, simbolismo religioso y detallismo artístico,
todo ello reflejando el complejo horizonte mental de la Europa del siglo XVI.
Esta obra, que
permaneció casi olvidada durante siglos hasta su redescubrimiento y
digitalización por la David Rumsey Map Collection, no solo sorprende por
su escala y precisión gráfica, sino por la forma en que combina elementos
científicos y pseudocientíficos: desde observaciones astronómicas y
climáticas hasta monstruos marinos, animales exóticos y pueblos fabulosos. Es,
en cierto modo, un compendio del saber —y de los límites del saber— en plena
era de expansión geográfica y tensiones cosmológicas.
Más allá de su
función cartográfica, el mapa de Urbano Monte puede leerse como un espejo de
su tiempo: un mundo en transformación, donde el pensamiento empírico y la
tradición mitológica aún convivían sin contradicción aparente. Su elección de
una proyección polar anticipa formas modernas de representar el globo, mientras
que su estética minuciosa lo sitúa en la frontera entre el arte, la ciencia y
la cosmovisión.
Este documento
propone un análisis integral del mapa de Urbano Monte en seis ejes: su
innovadora proyección polar, la mezcla de ciencia y mito, la representación de
la diversidad cultural y natural del mundo, su lugar en la historia de la
cartografía, su valor artístico, y las nuevas posibilidades que abre su
digitalización para la investigación actual. Lejos de ser una simple curiosidad
renacentista, el mapa de Monte se presenta como una herramienta valiosa para
repensar cómo el ser humano ha intentado —y sigue intentando— representar el
mundo que habita.
1. ¿Por qué
Urbano Monte eligió una proyección polar para representar el mundo en su mapa
de 1587?
La elección de
una proyección polar azimutal en el mapa de Urbano Monte —con el Polo
Norte en el centro y los continentes distribuidos en círculos concéntricos—
constituye una de las decisiones más audaces y originales de la cartografía
renacentista. En un momento en que la mayoría de los mapas utilizaban
proyecciones ecuatoriales o planisferios basados en Ptolomeo, la decisión de
Monte no solo supone una innovación técnica, sino también una declaración
filosófica sobre cómo debía representarse el mundo conocido. Esta elección
revela tanto una visión alternativa de la centralidad geográfica como una
sensibilidad cosmológica y simbólica profundamente ligada al pensamiento
renacentista.
Ventajas
técnicas y cartográficas
Desde el punto
de vista geométrico, la proyección polar que utiliza Monte permite mostrar todo
el globo terrestre con menor distorsión en los continentes septentrionales,
lo que era relevante dada la importancia geopolítica creciente del hemisferio
norte en el siglo XVI. A diferencia de las proyecciones planas basadas en
meridianos y paralelos rectilíneos (como la de Mercator, de 1569), la
proyección polar azimutal de Monte ofrece:
- Continuidad visual global: al presentar el mundo como un
disco completo, Monte permite al observador abarcar de un solo vistazo
todo el planeta, sin necesidad de cortes o secciones.
- Equilibrio entre los continentes: en su diseño, Europa, Asia,
África y América se disponen alrededor del polo de forma relativamente
simétrica, lo que refuerza la idea de una totalidad armónica.
- Inclusión de zonas árticas: en una época de exploración hacia
el norte (paso del Noroeste, tierras hiperbóreas), centrar el mapa en el
Ártico dotaba de protagonismo a regiones aún envueltas en misterio.
Motivaciones
simbólicas y filosóficas
La elección de
centrar el mundo en el Polo Norte también tiene lecturas simbólicas. En el
pensamiento renacentista, influido por corrientes herméticas, astrología y
cosmología neoplatónica, los polos eran considerados puntos de conexión
entre el cielo y la tierra, lugares “puros” y poco corrompidos por el mundo
conocido.
El mapa de
Monte sitúa en el Polo Norte una gran isla dividida en cuatro partes por ríos
radiales —una representación derivada de las descripciones de Hipérborea
y de relatos mitológicos medievales, como los del franciscano Jacobus Cnoyen y
el cartógrafo Gerhard Mercator. Esta estructura recuerda no solo a un eje
geográfico, sino a un eje espiritual del mundo, un "omphalos"
que simboliza el centro del cosmos.
Además, su
formato circular se asemeja a los mapas T-O medievales, pero actualizado
con las nuevas dimensiones del mundo moderno. La forma circular reforzaba la
noción de orden, perfección y totalidad, profundamente enraizada en el
pensamiento renacentista.
Comparación
con otras proyecciones contemporáneas
Mientras que
cartógrafos como Ortelius (con su Theatrum Orbis Terrarum, 1570)
optaban por representaciones planas y centradas en Europa, Monte ofrece una
visión global no eurocéntrica en el sentido geográfico, aunque sí en términos
culturales. En comparación con Mercator, cuya proyección fue diseñada
para la navegación, pero distorsiona enormemente las zonas polares, Monte
adopta una perspectiva más contemplativa que utilitaria, orientada a representar
el mundo como unidad cósmica más que como espacio de conquista.
Una visión
del mundo total, circular y ordenada
En suma, la
proyección polar en el mapa de Urbano Monte no solo responde a criterios
técnicos, sino que expresa una visión del mundo como sistema cerrado,
armónico, inteligible y estéticamente equilibrado. Este enfoque se alinea
con la mentalidad renacentista que buscaba unir ciencia, arte y cosmología
en un solo plano. Su elección no fue meramente funcional, sino profundamente
ideológica: Monte propone una forma distinta de mirar el mundo —desde arriba,
desde el polo, desde el centro invisible de lo desconocido— que desafía y
enriquece las convenciones cartográficas de su tiempo.
2. ¿Qué
elementos científicos y pseudocientíficos aparecen en el mapa de Urbano Monte,
y cómo reflejan el pensamiento del Renacimiento?
El mapa de
Urbano Monte es una obra profundamente representativa del pensamiento
renacentista, caracterizado por la coexistencia —no siempre conflictiva—
entre el empirismo emergente y la tradición simbólica, mágica o mitológica
heredada de la Edad Media. En esta obra cartográfica convergen elementos que
hoy calificaríamos como científicos, junto a otros que responderían a
categorías como pseudociencia, creencias populares o cosmologías fantásticas,
sin que entonces existiera una separación clara entre ellos.
Datos
científicos: observación, astronomía y geografía
El mapa de
Monte incorpora numerosos elementos derivados del conocimiento geográfico
acumulado por los europeos hasta finales del siglo XVI. Entre ellos
destacan:
- Representación precisa de
continentes y rutas marítimas
basadas en relatos de exploradores como Marco Polo, Cristóbal Colón y
Magallanes.
- Indicaciones astronómicas como los trópicos, el ecuador,
los círculos polares y líneas de latitud y longitud, que
denotan un conocimiento técnico avanzado, posiblemente derivado de fuentes
náuticas portuguesas y españolas.
- Zonas climáticas diferenciadas, lo que demuestra una lectura de
la Tierra como un organismo regido por leyes naturales, según el modelo
aristotélico revisado por la escolástica y la astronomía árabe.
- Observaciones sobre vientos y
mareas, que
reflejan una preocupación práctica por la navegación y las condiciones
atmosféricas.
Estos elementos
colocan a Monte en sintonía con los avances de la cartografía renacentista,
influida por la cosmografía tolemaica, la náutica ibérica y la ciencia
astronómica importada del mundo islámico.
Elementos
pseudocientíficos: criaturas, leyendas y cosmología mágica
Junto a estos
datos empíricos, el mapa está plagado de representaciones que hoy
clasificaríamos como no científicas, pero que en su contexto eran
consideradas parte del conocimiento válido o al menos plausible:
- Monstruos marinos y animales
fantásticos, como
sirenas, serpientes gigantes, elefantes con colmillos hiperbólicos o peces
de múltiples cabezas, especialmente en los océanos y regiones
inexploradas. Estos seres no eran vistos necesariamente como invención,
sino como hipótesis gráficas ante lo desconocido.
- Pueblos míticos, como los dogocéfalos (hombres
con cabeza de perro), los blemmyae (sin cabeza, con rostro en el
torso) o los hombres con patas de cabra, que aparecen en zonas
remotas como Asia Central o África, heredados de la tradición de Plinio el
Viejo y Heródoto, pero aún presentes en la iconografía geográfica del
siglo XVI.
- La isla polar central dividida en
cuatro partes (en
el Polo Norte), que responde a descripciones medievales derivadas de
fuentes como la carta de Jacobus Cnoyen, y conectada a ideas esotéricas
sobre el origen del mundo o el Paraíso Terrenal.
- Presencia de volcanes, fenómenos
celestes o terremotos,
no como procesos geológicos, sino como signos de desequilibrio moral o
espiritual, una herencia de la interpretación simbólica de la naturaleza.
Reflejo del
pensamiento renacentista: un saber sin fronteras
La coexistencia
de estos elementos no es un error ni una contradicción: es expresión del
horizonte epistemológico del Renacimiento, en el que no existía una
línea divisoria firme entre ciencia, religión, filosofía natural y tradición
oral. La cartografía era tanto un instrumento de navegación como una
representación del orden divino, una forma de conocer y también de imaginar.
Monte, como
buen humanista, no distingue entre lo empírico y lo simbólico, sino que
los entrelaza. Su mapa refleja una forma de saber que no se limita a lo
verificable, sino que abarca lo posible, lo narrado, lo temido y lo deseado.
Esta dimensión integradora es una de las claves para entender por qué el
Renacimiento fue al mismo tiempo el umbral de la ciencia moderna y el último
gran esplendor de las cosmologías mágicas.
3. ¿Cómo se
representa la diversidad cultural y geográfica en el mapa de Urbano Monte?
El mapa de
Urbano Monte no solo aspira a representar el espacio físico del mundo conocido
y desconocido, sino también su diversidad humana, animal, climática y
cultural. En sus 60 láminas se despliega un universo habitado por pueblos
exóticos, costumbres singulares, animales reales y fantásticos, y fenómenos
naturales extraordinarios. Esta representación global responde al ideal
renacentista de compilar el saber del mundo a través de la cartografía,
pero también reproduce los estereotipos, prejuicios y estructuras mentales
de la Europa cristiana del siglo XVI.
Pueblos y
culturas del mundo: entre el exotismo y la fascinación
El mapa muestra
decenas de pueblos indígenas, cada uno con sus vestimentas, armas,
viviendas, actividades o animales característicos. Entre los más
destacados:
- En África, aparecen
cazadores con lanzas, mujeres semidesnudas, reyes con vestimenta lujosa y
escenas de canibalismo. Esta representación sigue la tradición europea de
imaginar África como tierra de extremos: riqueza y barbarie.
- En Asia, se representan
sultanes, caravanas de camellos, guerreros tártaros, elefantes indios y
figuras budistas, mezclando descripciones relativamente precisas con
figuras mitificadas heredadas de relatos como los de Marco Polo.
- En América, recientemente
incorporada a los mapas europeos, aparecen indígenas con penachos y arcos,
algunos cazando, otros combatiendo o realizando rituales. También se
muestran escenas de sacrificio humano y canibalismo, reproducidas
probablemente a partir de crónicas españolas como las de Bartolomé de las
Casas o Bernal Díaz del Castillo.
- Las islas del Pacífico y las
regiones polares son pobladas por criaturas humanoides con
características grotescas, herederas del imaginario medieval de los
"monstruos geográficos".
Estas imágenes
cumplen una doble función: documentar lo diverso y, al mismo tiempo, reforzar
el relato europeo del Otro como algo exótico, inferior o amenazante,
legitimando así la empresa colonial y evangelizadora.
Animales y
fenómenos naturales: entre zoología y simbolismo
Junto a las
figuras humanas, Monte incluye una amplísima variedad de animales, muchos de
ellos con notable precisión (jirafas, elefantes, rinocerontes, dromedarios,
osos polares), otros completamente inventados (dragones, unicornios, sirenas,
aves monstruosas).
La inclusión de
estos seres responde a varias lógicas simultáneas:
- Zoológica: dar cuenta de la biodiversidad
del planeta, en sintonía con el interés renacentista por la taxonomía y la
observación natural.
- Simbólica: los animales fabulosos ocupan los
márgenes del mundo, representando lo desconocido, lo peligroso o lo
milagroso.
- Estética: los animales llenan los espacios
vacíos del mapa, ofreciendo al espectador un despliegue visual exuberante.
También se
representan volcanes, tormentas, columnas de fuego o luces celestiales, algunos
con intención explicativa, otros como fenómenos portentosos o signos divinos.
Fuentes
probables: entre la experiencia y la compilación
Urbano Monte no
fue un explorador, sino un compilador de saberes. Sus fuentes parecen
incluir:
- Mapas anteriores como los de Ortelius,
Mercator, y Sebastian Münster.
- Relatos de viajes, especialmente de
Marco Polo, Cristóbal Colón, Pigafetta (crónica del
viaje de Magallanes) y fuentes bíblicas o mitológicas.
- Bestiarios medievales y crónicas de
misioneros.
La combinación
de estas fuentes genera un mundo representado como sistema jerárquico y
ordenado, donde Europa aparece como centro de la racionalidad, mientras que
los márgenes están habitados por la alteridad, la maravilla y el caos.
4. ¿Qué
papel juega el mapa de Urbano Monte en la historia de la cartografía mundial?
El mapa de
Urbano Monte, finalizado en 1587, constituye una de las obras más ambiciosas y
singulares de la cartografía renacentista. Si bien no alcanzó notoriedad
inmediata en su época —probablemente porque no fue ampliamente difundido ni
impreso—, su redescubrimiento moderno lo ha situado entre los documentos
cartográficos más innovadores del siglo XVI. Su interés radica tanto en su
formato técnico como en su carácter enciclopédico, su dimensión artística y su
capacidad de integrar múltiples tradiciones en un solo artefacto visual.
Una obra
adelantada a su tiempo
Desde el punto
de vista técnico, el mapa de Monte introduce al menos dos elementos que pueden
considerarse visionarios:
- La proyección polar azimutal
centrada en el Polo Norte,
que anticipa formas de representación global más propias del siglo XX
(como las proyecciones utilizadas en los mapas geopolíticos o
climatológicos modernos), alejándose del eurocentrismo tradicional en
favor de una estructura concéntrica.
- El diseño modular de 60 hojas, concebidas para ser ensambladas
en un gran disco mural de más de tres metros de diámetro. Este formato
sugiere una intención expositiva y pedagógica, casi como un
planetario visual del mundo conocido.
En comparación
con otras grandes obras cartográficas de su tiempo —como el Theatrum Orbis
Terrarum de Ortelius (1570) o los mapas de Mercator—, el de Monte no está
destinado a la navegación ni al comercio, sino a la contemplación, la
síntesis del conocimiento y la expresión de un orden cósmico. En ese
sentido, se acerca más a las cosmografías medievales y al arte de los atlas
enciclopédicos.
Un mapa
olvidado por siglos
Pese a su
calidad, el mapa de Urbano Monte no tuvo circulación pública significativa.
El autor mandó realizar varias copias manuscritas, de las cuales sobreviven al
menos dos: una conservada en la Biblioteca Ambrosiana de Milán y otra en la
Biblioteca Nacional de España. Sin embargo, al no haber sido impreso ni
patrocinado por una corona o institución poderosa, el mapa cayó en el olvido
durante más de 400 años.
Esta falta de
difusión explica por qué no influyó directamente en el desarrollo técnico de la
cartografía moderna. No obstante, su valor histórico y documental es inmenso,
ya que preserva una visión del mundo única, ajena a los cánones
dominantes.
Redescubrimiento
y revalorización en el siglo XXI
El papel de
Urbano Monte en la historia de la cartografía ha sido reivindicado en tiempos
recientes gracias a los esfuerzos de la David Rumsey Map Collection, que
en 2017 digitalizó y restauró el mapa completo, ensamblándolo por primera vez
como disco global interactivo. Esta labor permitió ver el mapa como Monte lo
había concebido, y no como una serie de hojas sueltas.
Desde entonces,
el mapa ha sido objeto de:
- Estudios académicos sobre cartografía renacentista,
historia de la ciencia y filosofía visual.
- Exposiciones en museos que lo presentan como un ejemplo
de arte-ciencia.
- Proyectos digitales y pedagógicos que lo utilizan como material
didáctico sobre el pensamiento premoderno.
Su impacto
actual radica no solo en su rareza, sino en su capacidad para estimular
nuevas formas de estudiar la representación del mundo, tanto desde la
historia como desde la tecnología y el arte.
5. ¿Es el
mapa de Urbano Monte una obra de arte además de un documento científico?
El mapa de
Urbano Monte no solo destaca por su contenido geográfico y cosmográfico, sino
también por su excepcional riqueza visual, que lo convierte en una
auténtica obra de arte. Su valor no reside únicamente en lo que muestra del
mundo, sino en cómo lo muestra: con una estética minuciosa, simbólica y
profundamente elaborada que revela tanto una intención artística como una
cosmovisión filosófica. La cartografía, en este caso, se convierte en una forma
de expresión que trasciende la función utilitaria y entra en el terreno
de lo contemplativo y lo poético.
Estilo
visual y técnicas artísticas
Monte emplea
una serie de recursos que lo sitúan dentro de la tradición del arte
renacentista:
- Uso expresivo del color, con gamas ocre, azul, verde y
rojo que no solo ayudan a distinguir territorios, sino que dotan al
mapa de una vibración estética que lo acerca a una pintura mural. El
océano aparece a menudo en un azul profundo decorado con criaturas
marinas, mientras que los continentes están llenos de texturas, sombras y
volúmenes.
- Caligrafía ornamentada, con letras cuidadas, títulos
elegantes y notaciones estilizadas, que contribuyen a la armonía gráfica
general. La tipografía no es neutra: participa activamente del diseño como
elemento artístico.
- Ilustraciones detalladas: animales, pueblos, edificios,
fenómenos celestes, navíos, montañas, volcanes y seres mitológicos, todos
ejecutados con una precisión casi miniaturista. Muchas de estas figuras
tienen una intención didáctica, pero también una función decorativa
evidente.
- Composición radial y simétrica, que, al ensamblarse en una
proyección polar, produce un efecto visual poderoso y equilibrado. El
mundo no solo es representado: es organizado visualmente como un cosmos
armónico, con el Polo Norte en el centro como eje simbólico.
Cartografía
como arte del conocimiento
En el
Renacimiento, no existía una distinción clara entre arte y ciencia. El mapa de
Monte es una muestra de ese pensamiento unificado, donde la belleza era una
forma de verdad, y el conocimiento debía ser también estéticamente
convincente. En este sentido, su mapa no solo intenta informar, sino inspirar
y emocionar.
- El diseño responde a una estética
humanista, que entiende la representación del mundo como un acto de
orden, simetría y proporción. La mirada del cartógrafo es también la de un
artista que busca reflejar el orden divino de la creación.
- La inclusión de imágenes fabulosas,
colores armoniosos y escenas narrativas sugiere que Monte no solo
quería mostrar el mundo, sino contar una historia sobre él. La
cartografía se vuelve así una forma de narración visual.
Influencia
de la estética en la percepción del saber
El impacto de
la estética no es neutro: condiciona la forma en que el mapa es interpretado.
La belleza y el detalle invitan a una lectura lenta, casi meditativa, que
convierte la consulta en contemplación. Este rasgo, poco común en la
cartografía técnica, hace del mapa de Monte una experiencia sensorial y
cognitiva a la vez.
Además, la
riqueza visual amplifica la autoridad del contenido: en una época donde el
conocimiento visual era escaso, la minuciosidad gráfica sugería fiabilidad y
erudición. De este modo, el arte no solo embellece el mapa, sino que lo
valida.
6. ¿Qué
desafíos y oportunidades presenta la digitalización del mapa de Urbano Monte
para la investigación actual?
La
digitalización del mapa de Urbano Monte por parte de la David Rumsey Map
Collection en 2017 supuso un punto de inflexión en la forma en que esta
obra, durante siglos olvidada, comenzó a ser estudiada, difundida e
interpretada. Convertido en un objeto virtual de acceso global, el mapa pasó de
ser un documento manuscrito semioculto en una biblioteca italiana a una
herramienta de estudio multidisciplinar al alcance de cualquier investigador o
curioso del mundo.
Oportunidades:
acceso, análisis y relectura
- Acceso universal y gratuito
La digitalización del mapa (https://www.davidrumsey.com/luna/servlet/s/o3h28v) permite por primera vez a investigadores, docentes y estudiantes de todo el mundo explorar la obra de Monte sin necesidad de viajar a una institución física ni manejar material frágil. Esta democratización del acceso impulsa nuevas líneas de investigación y enseñanza en múltiples disciplinas: historia, geografía, arte, antropología, estudios coloniales, etc. - Ensamblaje digital completo
El mapa original consta de 60 hojas, pero Monte lo concibió como un disco global ensamblado de más de tres metros de diámetro. La versión digital fue la primera en lograr ese ensamblaje completo y navegable, permitiendo visualizar la intención cosmográfica total del autor y percibir la estructura visual centralizada que antes solo podía imaginarse. - Interactividad y ampliación
Las herramientas digitales permiten acercar el zoom a detalles minúsculos, comparar regiones, etiquetar, superponer capas modernas, y realizar análisis visuales imposibles en el original físico. Esto amplía las posibilidades para investigadores interesados en la microhistoria del conocimiento visual y la cartografía simbólica. - Fomento de la interdisciplinariedad
La digitalización ha abierto el mapa al estudio desde enfoques muy variados: historia de la ciencia, estudios visuales, estudios postcoloniales, humanidades digitales, inteligencia artificial para el análisis de patrones iconográficos, etc. Se convierte en objeto de convergencia académica.
Desafíos:
interpretación, fragmentación y contexto
- Riesgo de descontextualización
El acceso visual inmediato puede generar interpretaciones simplificadas si no se acompaña de una adecuada contextualización histórica. Ver el mapa como "curioso", "hermoso" o "extravagante" sin comprender su lógica epistemológica y su contexto renacentista puede trivializar su valor como documento complejo. - Fragmentación en el análisis
La posibilidad de navegar por fragmentos o hacer capturas parciales puede inducir a leer el mapa como una colección de ilustraciones sueltas, y no como una estructura unitaria con una lógica visual, simbólica y técnica propia. - Sobresaturación de datos
La riqueza visual del mapa, sumada a las herramientas digitales de etiquetado o anotación masiva, puede generar una hiperinformación que obstaculice la lectura reflexiva, desplazando la atención desde la interpretación hacia la acumulación de datos. - Preservación y fidelidad visual
La digitalización implica decisiones sobre color, escala, resolución y contraste que pueden alterar la percepción estética original del objeto físico. Aunque se gana en acceso, se pierde cierta materialidad que también era significativa: textura del papel, tinta, desgaste, marcas de uso.
Impacto
académico y futuro
Desde su
digitalización, el mapa de Urbano Monte ha sido incorporado a múltiples
proyectos de investigación, artículos académicos, cursos universitarios y
exposiciones digitales. Representa un caso ejemplar del potencial de las
humanidades digitales, mostrando cómo la tecnología puede rescatar,
revalorizar y resignificar obras olvidadas del patrimonio cultural.
Además, la
digitalización no es solo una reproducción: permite nuevos modos de creación
de conocimiento, como reconstrucciones en 3D, análisis algorítmicos de
patrones visuales o conexiones con otras bases de datos cartográficas
históricas.
Conclusión
El mapa de
Urbano Monte, confeccionado en 1587, es mucho más que una representación
geográfica del mundo: es una síntesis visual del pensamiento renacentista,
un artefacto en el que confluyen ciencia, arte, filosofía, religión y poder. Su
proyección polar, su estructura modular, su detallismo ilustrativo y su
ambición enciclopédica lo sitúan como una de las obras cartográficas más
innovadoras del siglo XVI, aunque su impacto inmediato fue limitado por su
escasa difusión.
La obra encarna
las tensiones propias de su época: el deseo de orden racional frente al
misterio de lo desconocido; la curiosidad científica mezclada con el imaginario
mitológico; el impulso de clasificar y dominar el mundo reflejando, al mismo
tiempo, las jerarquías culturales y políticas de la Europa imperial. Monte no
fue un simple cartógrafo: fue un compilador de saberes, un traductor de
visiones del mundo, un artista del conocimiento.
Hoy, gracias a
la digitalización y al trabajo interdisciplinario, su mapa ha sido
redescubierto como un testimonio clave para entender cómo los europeos del
Renacimiento concebían el planeta y su lugar en él. Su riqueza
iconográfica, su precisión técnica y su valor simbólico lo convierten en una
fuente inagotable para el estudio histórico, antropológico y estético.
Así, el mapa de
Urbano Monte no solo nos habla del mundo de 1587: nos interroga sobre cómo
representamos el conocimiento, cómo construimos nuestras visiones del otro y
qué papel juega la imagen en la legitimación de las ideas. En ese sentido,
sigue siendo profundamente contemporáneo.

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