LA TEORÍA DE LOS ESPEJISMOS CÓSMICOS Y REALIDADES ALTERNAS

Introducción

Desde que el ser humano levantó la vista al cielo, ha intentado descifrar si lo que observa es realmente el universo tal como es, o simplemente un reflejo condicionado por sus sentidos, herramientas e interpretaciones. En tiempos recientes, esta duda ha adquirido un nuevo espesor: ¿y si lo que percibimos como realidad cósmica es, en parte, un espejismo? ¿Y si el universo observable no es más que una representación deformada de algo mucho más amplio, fragmentado o incluso simulado?

La teoría de los espejismos cósmicos se presenta como una hipótesis provocadora, que sugiere que fenómenos astrofísicos, cuánticos o cosmológicos pueden estar generando ilusiones interpretativas sobre la verdadera estructura del cosmos. Al mismo tiempo, la posibilidad de realidades alternas ha pasado del terreno de la ciencia ficción a los debates de la física teórica, la filosofía de la mente y la cosmología moderna.

Multiversos, dimensiones ocultas, universos espejo o simulaciones computacionales son ideas que, aunque aún especulativas, se desarrollan sobre bases conceptuales cada vez más elaboradas. Pero también plantean interrogantes profundos sobre la autenticidad de nuestra existencia, la capacidad del ser humano para captar lo real, y los límites de nuestro lenguaje y percepción.

Este documento propone un recorrido transdisciplinar por este fascinante cruce entre ciencia, filosofía, arte y neurociencia. Exploraremos fenómenos reales que desafían nuestra interpretación del universo, compararemos modelos teóricos de mundos paralelos, indagaremos en el sentido ontológico de una existencia fragmentada, y propondremos finalmente un marco integrador para estudiar estas cuestiones con rigor y creatividad.

Porque quizá lo más inquietante del universo no sea su vastedad… sino la posibilidad de que no estemos viendo más que un reflejo de algo que no podemos nombrar del todo.



1. Concepto de “espejismos cósmicos” como posibles distorsiones perceptivas o interpretativas del universo observable

¿Qué dice la astrofísica contemporánea sobre fenómenos como las lentes gravitacionales, ilusiones cuánticas o patrones anómalos en el fondo cósmico de microondas?

El concepto de espejismos cósmicos no debe entenderse como mera metáfora visual, sino como una hipótesis que sugiere que la realidad que observamos en el cosmos podría estar fundamentalmente distorsionada por mecanismos físicos que engañan a nuestros sentidos y aparatos de medición. Estas distorsiones no serían simples errores de percepción, sino efectos reales de la estructura del espacio-tiempo, de la mecánica cuántica o de fenómenos cosmológicos aún poco comprendidos.

Lentes gravitacionales: curvar la luz, deformar el universo

Uno de los ejemplos más claros y observables de “espejismos cósmicos” es el fenómeno de las lentes gravitacionales. Predicho por Einstein y confirmado en múltiples ocasiones, este fenómeno ocurre cuando una masa muy grande (como un cúmulo de galaxias) deforma el espacio-tiempo y curva los rayos de luz que pasan cerca de ella. El resultado es una imagen deformada, multiplicada o desplazada del objeto que emite la luz, como si el universo se viera a través de una lente.

En este contexto, vemos galaxias donde no las hay, o en lugares donde no están. Lo que observamos no es el objeto en su ubicación real, sino una proyección distorsionada por la gravedad. Es un espejismo literal, y al mismo tiempo, una herramienta científica para detectar materia oscura y objetos lejanos.

Anomalías en el fondo cósmico de microondas

El fondo cósmico de microondas (CMB) es la “radiación fósil” del Big Bang, una especie de mapa térmico del universo primitivo. Aunque este fondo es casi uniforme, presenta pequeñas variaciones de temperatura que han sido estudiadas con precisión milimétrica por satélites como WMAP y Planck.

Sin embargo, hay patrones anómalos que aún no tienen explicación clara: zonas de “frío” inusuales, asimetrías inexplicables, ejes preferenciales que contradicen la isotropía esperada. Algunos científicos especulan que podrían ser efectos de colisiones con otros universos, errores sistemáticos… o simples espejismos cósmicos debidos a estructuras gigantescas distorsionando la radiación de fondo.

Ilusiones cuánticas: colapso, no-localidad y observador

En la mecánica cuántica, otro tipo de “espejismo” es el que confunde lo real con lo medido. El famoso experimento de la doble rendija muestra cómo una partícula puede comportarse como onda o como corpúsculo dependiendo de si es observada. Esto sugiere que la realidad cuántica no existe de forma definida hasta que interactúa con un sistema de medición, lo que algunos interpretan como una forma de espejismo interpretativo: vemos lo que la observación permite, no lo que “es”.

Además, fenómenos como el entrelazamiento cuántico —donde dos partículas se afectan instantáneamente a distancia— desafían nuestra noción intuitiva del espacio-tiempo, y abren la posibilidad de que lo que llamamos “realidad” esté estructurado de forma no local y no lineal.

Mapas distorsionados del universo

Incluso nuestros modelos astronómicos más avanzados están construidos sobre supuestos que podrían ocultar distorsiones: ¿la constante de Hubble es realmente constante?, ¿la materia oscura y la energía oscura existen como entidades reales o como ajustes matemáticos a un modelo incompleto?, ¿vemos un universo plano porque lo es, o porque nuestras herramientas lo proyectan así?

Todo esto plantea la inquietante posibilidad de que el universo observable sea solo un reflejo parcial o deformado de una realidad más compleja, como una imagen proyectada sobre una caverna cósmica que aún no sabemos descifrar por completo.

2. Cómo la teoría de realidades alternas ha sido abordada en marcos científicos como la mecánica cuántica, los multiversos y la teoría M

¿Qué diferencia existe entre realidades paralelas, dimensiones ocultas y simulaciones cosmológicas?

La idea de realidades alternas ha dejado de ser exclusiva de la especulación filosófica o de la ficción para convertirse en una posibilidad cada vez más debatida dentro de la física teórica. Bajo distintas formulaciones —universos paralelos, dimensiones ocultas, estructuras holográficas o simulaciones computacionales—, se plantea que lo que percibimos como "nuestro universo" podría ser solo una manifestación parcial de una realidad mucho más compleja, amplia o diversa.

Interpretación de los “muchos mundos” (Everett, mecánica cuántica)

En 1957, Hugh Everett III propuso una interpretación radical de la mecánica cuántica: en lugar de colapsar al medirse, las funciones de onda cuánticas se ramifican en todos sus posibles resultados, cada uno en un universo distinto. Así, con cada decisión o interacción cuántica, se generarían nuevas realidades —infinitas— que coexisten pero no interactúan.

Este modelo, conocido como la interpretación de los muchos mundos, implica que existen versiones de nosotros mismos en realidades paralelas donde las cosas ocurrieron de forma distinta. Aunque la teoría resuelve elegantemente ciertas paradojas cuánticas, su dificultad radica en que estas realidades no son observables desde la nuestra, al menos con la física conocida.

 

 

Multiverso inflacionario: burbujas cósmicas en expansión

Otro modelo de realidades alternas proviene de la cosmología inflacionaria, que sugiere que, tras el Big Bang, el universo se expandió de forma exponencial, dando lugar a múltiples “burbujas” de espacio-tiempo, cada una con sus propias leyes físicas y constantes. Este conjunto hipotético de universos se denomina multiverso.

Dentro de este marco, nuestro universo sería solo una de muchas realidades posibles, separadas causalmente de las demás. Aunque aún es un campo especulativo, algunas anomalías del fondo cósmico de microondas podrían interpretarse como “huellas” de una colisión pasada con otro universo.

Teoría M y dimensiones ocultas

La teoría M, una extensión de la teoría de cuerdas, postula que las partículas fundamentales no son puntos, sino “cuerdas” vibrantes que existen en un espacio-tiempo de 10 u 11 dimensiones. De esas dimensiones, solo cuatro (las que conocemos) serían perceptibles, mientras que las demás estarían enrolladas a escalas microscópicas.

Estas dimensiones ocultas no serían realidades alternas en el sentido tradicional, sino estructuras adicionales de nuestra misma realidad, cuya influencia podría ser detectada indirectamente (por ejemplo, mediante partículas exóticas o pequeñas desviaciones gravitatorias).

Simulación cosmológica: ¿vivimos en una realidad generada?

Una hipótesis provocadora, pero debatida cada vez con más seriedad, es la posibilidad de que nuestro universo sea una simulación computacional. Según la tesis de Nick Bostrom, si una civilización avanzada tuviera suficiente poder computacional, podría simular realidades completas con seres conscientes dentro.

Algunos físicos han propuesto buscar “anomalías computacionales” en las leyes del universo —límites de precisión, estructuras de píxeles cuánticos, irregularidades estadísticas— como posibles huellas de una simulación. Aunque no hay evidencia concluyente, la mera posibilidad obliga a replantear qué significa “real”.

Diferencias clave entre los conceptos

Concepto

Naturaleza

Conexión con nuestra realidad

Muchos mundos

Ramificaciones cuánticas simultáneas

Coexisten pero no interactúan

Multiverso inflacionario

Universos burbuja con leyes físicas distintas

Separados causalmente

Dimensiones ocultas

Estructuras espaciales extra

Forman parte de este universo

Simulación

Realidad generada artificialmente

Aparente continuidad, pero no fundamental

 

La física contemporánea aún no ha probado ninguna de estas hipótesis, pero su desarrollo ha sido riguroso, anclado en modelos matemáticos coherentes y en algunos casos con implicaciones observacionales. Cada uno representa un intento de superar las limitaciones de nuestra percepción y de nuestras herramientas teóricas, y todos convergen en una idea inquietante: lo que llamamos realidad podría ser solo una versión entre muchas.

3. Implicaciones filosóficas de vivir en una realidad que podría no ser la única ni la verdadera

¿Qué plantea la ontología sobre la autenticidad del “ser” en un cosmos de múltiples realidades superpuestas?

La posibilidad de que nuestra realidad no sea la única —ni necesariamente la “verdadera”— ha abierto un campo de reflexión profundo en la filosofía, especialmente en la ontología, la disciplina que se ocupa del ser, de lo que “es” y de las condiciones que lo hacen posible. Si el universo es solo una de muchas realidades coexistentes, o si lo que percibimos es una proyección incompleta, la pregunta fundamental deja de ser “¿qué hay?” para convertirse en “¿desde dónde lo hay?”, y “¿quién lo percibe?”.

El ser y la multiplicidad: entre Heidegger y Deleuze

Para Martin Heidegger, el ser no es una sustancia fija, sino un proceso de “des ocultamiento”: algo que se muestra y se retira, que nunca puede captarse por completo. En un universo de múltiples realidades, esta concepción se hace aún más pertinente: cada realidad alterna sería una forma distinta en que el ser “se da”, una configuración ontológica distinta del mundo y del sujeto.

Por otro lado, Gilles Deleuze plantea que la realidad no es una, sino una multiplicidad dinámica: una serie de pliegues y devenires que forman universos simultáneos e Inter penetrantes. La noción de “realidad alterna” encajaría aquí no como un mundo separado, sino como una modalidad distinta del mismo proceso ontológico, una actualización diferente de lo virtual.

Ontología del simulacro: lo real como construcción

La posibilidad de que vivamos en una simulación, o en una realidad percibida a través de filtros físicos, cognitivos o culturales, ha sido abordada desde la filosofía posmoderna. Autores como Jean Baudrillard afirman que la posmodernidad ha sustituido lo real por el simulacro: representaciones que no remiten a nada original, pero que son funcionales y convincentes.

En este contexto, lo “real” no es una verdad objetiva, sino un efecto de coherencia interna dentro de un sistema de signos, sean estos perceptivos, digitales o simbólicos. Vivir en una realidad simulada no implicaría falsedad, sino una nueva forma de existencia simbólica.

Pluralismo ontológico: muchas realidades, muchos modos de ser

Algunos filósofos contemporáneos defienden el pluralismo ontológico, según el cual diferentes realidades (físicas, mentales, sociales, lógicas) coexisten como modos válidos de ser. Esta postura no exige una realidad única y objetiva, sino que reconoce la legitimidad de múltiples formas de existencia, incluso si son mutuamente inaccesibles o incomunicables.

Esto lleva a una ética del respeto ontológico: si no hay una única realidad suprema, entonces debemos aceptar que otras formas de ser, sentir y entender el mundo —humanas o no, físicas o virtuales— pueden tener tanto derecho a existir como la nuestra.

Consecuencias existenciales: identidad, verdad y sentido

Vivir en una realidad que podría no ser la única —ni la verdadera— implica una transformación radical de nuestra concepción de la identidad y el sentido. ¿Quiénes somos si somos solo una versión entre muchas? ¿Qué valor tiene la verdad si hay infinitas coherencias posibles? ¿Cómo encontrar propósito en un cosmos que quizá no fue hecho “para nosotros”?

Frente a estas preguntas, se abren dos caminos: la angustia nihilista o la libertad radical. Si no hay una realidad única que nos limite, entonces hay más espacio para la creatividad, la elección y la construcción del sentido. La multiplicidad no niega la existencia, sino que la expande.

 

 

 

 

4. Presencia del concepto de realidades alternas y espejismos cósmicos en la literatura, el cine y el arte contemporáneo

¿Qué papel juegan estas ideas en la construcción simbólica de la identidad, el tiempo y lo real?

Desde mucho antes de que la ciencia hablara de multiversos, simulaciones o dimensiones ocultas, el arte y la literatura ya exploraban estas ideas a través del símbolo, el mito y la ficción. Las realidades alternas, los mundos ilusorios o los universos fragmentados se han convertido en una poderosa herramienta para expresar las inquietudes más profundas de la condición humana: la identidad, el tiempo, la verdad y la libertad.

Literatura: Borges, Dick y la multiplicidad del ser

Uno de los grandes pioneros en esta temática fue Jorge Luis Borges, cuya obra está plagada de espejos, laberintos y bibliotecas infinitas. En cuentos como El jardín de senderos que se bifurcan o Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges plantea universos paralelos creados por el lenguaje, donde la realidad se fragmenta en posibilidades simultáneas.

Otro autor clave es Philip K. Dick, cuya novela Ubik (1969) o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) plantean realidades que se desmoronan, identidades inestables y universos que podrían ser simulaciones. En su narrativa, la percepción es engañosa, la verdad es relativa, y el tiempo no es lineal.

Más recientemente, obras como La casa de hojas de Mark Z. Danielewski o Dark Matter de Blake Crouch exploran universos múltiples y espacios que se pliegan, como reflejos de la ansiedad existencial del sujeto contemporáneo.

Cine: entre la simulación, el bucle y la elección

El cine ha sido terreno fértil para representar realidades alternas y espejismos cósmicos. Películas como The Matrix (1999) plantean directamente la hipótesis de la simulación: los humanos viven en una realidad falsa diseñada por máquinas, mientras el “despertar” exige un acto de voluntad radical. Aquí, lo real y lo ilusorio se entrelazan con cuestiones de control, libertad y verdad.

Otras películas como Inception (2010) exploran los niveles de realidad subjetiva, donde los sueños dentro de sueños borran los límites de lo auténtico. Interstellar (2014) o Everything Everywhere All at Once (2022) abordan el multiverso desde distintas perspectivas: el primero desde la física relativista y el vínculo afectivo, el segundo desde el caos, el absurdo y la multiplicidad de decisiones vitales.

En muchas de estas obras, la realidad no es un terreno estable, sino una construcción dinámica que depende de la memoria, la percepción o el deseo.

Arte contemporáneo: lo fragmentario, lo inmersivo, lo especulativo

El arte visual contemporáneo ha incorporado las realidades alternas a través de instalaciones inmersivas, arte digital, inteligencia artificial y estructuras no lineales. Artistas como James Turrell (con sus espacios lumínicos que alteran la percepción del espacio), Ryoji Ikeda (que visualiza datos cósmicos en entornos sonoros), o Refik Anadol (que usa IA para transformar información astronómica en imágenes vivas) crean experiencias donde el espectador duda de lo que ve, escucha o siente.

Estas obras no muestran “realidades alternas” en el sentido literal, sino que provocan en el espectador la vivencia de que la realidad es moldeable, inestable, ilusoria.

Símbolos centrales: el espejo, la simulación, el desdoblamiento

A nivel simbólico, hay una serie de motivos recurrentes que articulan esta estética de lo múltiple:

  • El espejo: reflejo, inversión, duplicación (como en Borges o Escher).
  • El laberinto: símbolo del universo enredado, del tiempo no lineal.
  • La simulación digital: realidad controlada por un código oculto.
  • El desdoblamiento del yo: múltiples versiones del sujeto, múltiples pasados y futuros.

Estas figuras son más que recursos estéticos: son formas de interrogar lo real, de problematizar la identidad, de resistirse a la idea de una única historia posible.

5. La percepción humana está biológicamente limitada para captar la verdadera estructura del universo

¿Qué dicen las neurociencias y la teoría de la evolución sobre nuestros filtros cognitivos para procesar la realidad?

La percepción que tenemos del mundo —y del universo— no es una ventana transparente a la realidad objetiva, sino una construcción filtrada y modelada por el cerebro humano. Esta idea, respaldada por la neurociencia y la teoría evolutiva, sugiere que nuestros sentidos y procesos cognitivos no están diseñados para mostrarnos la verdad última del cosmos, sino para permitirnos sobrevivir en él.

Los sentidos: interfaces adaptativas, no espejos del mundo

Nuestros sentidos captan solo una fracción ínfima del espectro de estímulos posibles. Vemos un rango estrecho de luz visible, oímos una porción limitada de frecuencias sonoras, y no percibimos directamente campos magnéticos, radiación gamma, o estructuras espaciales hiperfinas. El cerebro interpreta estos datos, completándolos con suposiciones, modelos previos y sesgos evolutivos.

La idea de que los sentidos actúan como una interfaz de usuario (como una pantalla que oculta la complejidad del sistema operativo) ha sido propuesta por el neurocientífico Donald Hoffman. Según él, la evolución no selecciona por veracidad, sino por eficacia adaptativa: sobrevive quien percibe útilmente, no quien percibe exactamente.

Neurología y realidad construida

La percepción está mediada por estructuras cerebrales que integran, descartan o reinterpretan información sensorial. Experimentos con ilusiones ópticas, sinestesia o realidades virtuales han demostrado cuán fácilmente puede distorsionarse la percepción consciente.

El cerebro no “ve” la realidad: construye una simulación interna coherente, y nos la presenta como continua, estable y lógica. Esta simulación es útil, pero no necesariamente verdadera.

En condiciones alteradas (como el sueño, la alucinación, o ciertos estados místicos o psicodélicos), el cerebro puede acceder a “realidades” distintas, muchas veces más complejas, fluidas o desestructuradas que la realidad ordinaria. Algunas corrientes filosóficas y científicas han sugerido que estos estados podrían ofrecer vislumbres de estructuras ocultas que el estado de vigilia reprime.

Evolución y economía cognitiva

La evolución selecciona sistemas nerviosos que sean rápidos, eficientes y energéticamente baratos, no necesariamente precisos. Ver sólo lo necesario para encontrar alimento, evitar depredadores o interactuar socialmente ha sido suficiente para la supervivencia. Por ello, el cerebro filtra la mayoría de los estímulos y construye una “versión editada” de la realidad.

Esta economía cognitiva implica que estamos biológicamente impedidos de captar muchas dimensiones del universo. Tal vez no veamos otras realidades no porque no existan, sino porque no estamos diseñados para percibirlas.

Consecuencias filosóficas y cosmológicas

Si la percepción humana está tan limitada, cualquier modelo cosmológico que dependa exclusivamente de nuestra observación directa debe asumirse como provisional e incompleto. Esto abre espacio para nuevas herramientas: inteligencia artificial, sensores no biológicos, modelos matemáticos abstractos… pero también para la humildad epistemológica.

Quizá el universo no sea incomprensible: quizá simplemente no está hecho para ser comprendido por nosotros.

6. Metodología transdisciplinar para estudiar la hipótesis de espejismos cósmicos y realidades alternas de forma rigurosa

¿Qué tipo de diálogo puede establecerse entre la física teórica, la metafísica, la semiótica y las ciencias cognitivas?

El estudio de realidades alternas y espejismos cósmicos exige superar las fronteras tradicionales del conocimiento. No basta con un enfoque puramente físico ni con uno puramente filosófico: es necesario un marco transdisciplinar, donde distintas ramas del saber dialoguen sin subordinarse unas a otras, para abordar el fenómeno desde todas sus dimensiones —física, simbólica, perceptiva, lógica y existencial.

1. Física teórica: modelos, predicciones y límites observacionales

La física teórica aporta el fundamento matemático y conceptual para postular la existencia de múltiples realidades. Desde las lentes gravitacionales hasta los multiversos inflacionarios o las dimensiones de la teoría M, la física permite construir modelos coherentes de realidades alternas.

Pero también reconoce sus límites: muchas de estas hipótesis no son directamente observables. Por eso, se hace necesario el diálogo con otras disciplinas, que permitan reformular las preguntas más allá del lenguaje matemático.

2. Metafísica: naturaleza del ser, del tiempo y de la realidad

La metafísica permite interrogar los fundamentos últimos de lo que se considera “real”. ¿Qué significa que algo exista en otro universo? ¿Podemos hablar de “verdad” o “autenticidad” cuando hay múltiples realidades posibles? ¿Qué tipo de ser tiene una realidad simulada?

El diálogo entre física y metafísica ayuda a evitar reduccionismos: no todo lo que es real es medible, y no todo lo que se mide agota lo real. La metafísica también aporta criterios para evaluar la coherencia ontológica de cada hipótesis.

3. Semiótica y teoría del lenguaje: cómo construimos lo real

La semiótica, que estudia los signos y su interpretación, es esencial para comprender cómo representamos y nombramos las realidades posibles. El universo no se nos da en bruto: lo codificamos mediante lenguajes —matemáticos, visuales, verbales— que filtran y configuran la experiencia.

Estudiar las realidades alternas requiere comprender cómo los símbolos y metáforas (como “espejismo”, “simulación”, “dimensión”) influyen en la manera en que concebimos lo real. La semiótica permite reconocer los marcos mentales que moldean nuestras hipótesis científicas.

4. Ciencias cognitivas y neurociencia: filtros perceptivos y constructos mentales

Como vimos en el apartado anterior, la realidad que percibimos es construida por nuestro cerebro, condicionado por nuestra biología y evolución. Las ciencias cognitivas pueden ayudar a identificar sesgos, ilusiones, limitaciones y patrones que afectan tanto a los observadores individuales como a las comunidades científicas.

También permiten explorar estados no ordinarios de conciencia, simulaciones mentales y mecanismos de generación de “realidades internas”, que podrían ofrecer nuevas claves para el estudio de mundos alternativos, reales o simbólicos.

Hacia una epistemología expandida

Una metodología transdisciplinar integraría estas perspectivas en un proceso de retroalimentación continua:

  1. La física teórica propone modelos posibles del universo y sus variantes.
  2. La metafísica evalúa su coherencia ontológica y su significado existencial.
  3. La semiótica analiza cómo esos modelos se traducen y perciben culturalmente.
  4. Las ciencias cognitivas exploran cómo los humanos procesan y limitan esa realidad.

Este enfoque no busca una “verdad única”, sino una comprensión más rica, profunda y abierta de lo que podría ser la realidad: no como un bloque cerrado, sino como un campo de posibilidades emergentes, siempre en diálogo entre lo medible y lo pensable.

Conclusión

La realidad, tal como la concebimos, podría ser solo una entre muchas, o incluso un reflejo deformado de una estructura más amplia y compleja que apenas comenzamos a intuir. A través de la física contemporánea, la neurociencia, la filosofía y el arte, se ha ido configurando una sospecha cada vez más articulada: lo que llamamos "universo" puede no ser más que un recorte, una interfaz, o incluso un espejismo generado por las condiciones de nuestro observador biológico y cultural.

Las lentes gravitacionales nos muestran que el espacio se curva y proyecta imágenes falsas pero medibles; la mecánica cuántica sugiere que la realidad se ramifica en posibilidades simultáneas; la neurobiología nos recuerda que lo que percibimos está filtrado por la evolución, y la filosofía pone en duda que la realidad tenga siquiera un rostro único, verdadero o accesible.

Lejos de cerrar el sentido del mundo, este enfoque lo abre: plantea un universo no como certeza, sino como campo de posibilidades, y una realidad que ya no se define por su fijeza, sino por su multiplicidad, su simbolismo, y su interacción con quien la observa. Vivimos en una narrativa construida, y todo indica que hay otras narrativas —otras realidades— latiendo en paralelo.

Estudiar los espejismos cósmicos y las realidades alternas no es una evasión fantástica, sino una exploración seria del límite entre lo que podemos saber y lo que apenas alcanzamos a imaginar. Solo una mirada transdisciplinar, humilde y creativa puede guiarnos en este camino hacia lo desconocido que, tal vez, siempre estuvo delante de nuestros ojos… sin que supiéramos verlo.


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