LA HISTORIA OCULTA DETRÁS DE LAS EXPEDICIONES VIKINGAS

Introducción

La imagen tradicional de los vikingos, forjada en gran parte por crónicas medievales y popularizada por la cultura contemporánea, los presenta como feroces guerreros del norte que sembraron el caos en Europa occidental entre los siglos VIII y XI. Sin embargo, esta visión incompleta y centrada en la violencia ha sido progresivamente matizada por los descubrimientos arqueológicos, los estudios lingüísticos y las nuevas perspectivas historiográficas. Bajo esa superficie de invasiones y saqueos, se esconde un entramado mucho más complejo de contactos culturales, redes comerciales extensas, estructuras sociales dinámicas y procesos de transformación política que moldearon el devenir de Eurasia.

Las expediciones vikingas no solo llevaron a los nórdicos a las costas del Atlántico y el Mediterráneo, sino que también los conectaron con civilizaciones tan lejanas como Bizancio, el Califato Abasí o incluso Asia Central. En este proceso, participaron también mujeres, cuya presencia en asentamientos como Groenlandia o Vinland desmiente la narrativa exclusivamente masculina de estas migraciones. Al mismo tiempo, la influencia vikinga resultó crucial en la formación de entidades políticas emergentes, tanto en Europa occidental como en el mundo eslavo oriental.

La mitología nórdica, lejos de ser un simple compendio de leyendas, funcionó como un marco simbólico que legitimó la expansión territorial y ofreció sentido a la interacción con otras religiones y culturas. Por su parte, la figura del vikingo ha sido reinterpretada a lo largo del tiempo en función de intereses políticos, identitarios y nacionalistas, desde el romanticismo decimonónico hasta el resurgir actual de símbolos nórdicos en contextos ideológicos diversos.

Este documento propone una exploración profunda de estas dimensiones menos conocidas, con el objetivo de ofrecer una comprensión más completa y matizada del fenómeno vikingo, trascendiendo estereotipos y adentrándonos en las múltiples capas de su impacto histórico.

1. Redes comerciales vikingas más allá del mundo escandinavo

¿Qué evidencias arqueológicas y lingüísticas respaldan los contactos con Bizancio, el Califato Abasí o Asia Central?

Aunque comúnmente se asocia a los vikingos con incursiones violentas en las costas de Europa, una parte sustancial de su actividad internacional se desarrolló en torno al comercio a larga distancia. Desde los puertos del Báltico hasta las orillas del Caspio, los vikingos —especialmente los conocidos como varegos en el este— establecieron una red comercial sorprendentemente extensa, cuyos vestigios han sido revelados gracias a descubrimientos arqueológicos y análisis lingüísticos.

Evidencias arqueológicas clave
Uno de los hallazgos más reveladores se produjo en Birka, un importante centro comercial en la actual Suecia, donde se han encontrado monedas islámicas (dirhams) provenientes del Califato Abasí, datadas entre los siglos VIII y X. En Gotland, otra isla sueca de gran relevancia comercial, se han exhumado más de 80.000 monedas islámicas en tesoros enterrados, indicando una ruta de intercambio sostenida con el mundo musulmán, posiblemente a través del sistema fluvial ruso.

Además, los restos hallados en asentamientos como Staraya Ladoga, Gnezdovo y Kiev —ciudades clave en las rutas fluviales de los varegos— muestran la presencia de objetos bizantinos, árabes, persas e incluso centroasiáticos. Entre estos se incluyen tejidos de seda, recipientes de vidrio, joyas decoradas con técnicas islámicas, y espadas damasquinadas. El hallazgo de balanzas portátiles y pesas de bronce típicas del comercio a larga distancia refuerza la idea de una actividad comercial profesionalizada.

Conexiones con Bizancio
La relación con el Imperio Bizantino fue particularmente intensa. Se sabe que los varegos ofrecieron sus servicios como mercenarios a Constantinopla, formando la famosa Guardia Varega, una élite militar al servicio del emperador bizantino. A cambio, recibían pagos, prestigio y acceso a bienes de lujo que luego redistribuían en sus tierras natales. Arqueológicamente, esto se manifiesta en la aparición de objetos bizantinos en tumbas escandinavas, como cruces, relicarios y medallones.

Evidencia lingüística y toponímica
Desde el punto de vista lingüístico, algunos préstamos del nórdico antiguo se han documentado en regiones eslavas y en el comercio con el mundo árabe. Por ejemplo, términos relacionados con el comercio o la navegación aparecen adaptados en fuentes rusas tempranas. El cronista árabe Ibn Fadlan, en su célebre relato del siglo X, describió a los rus —a quienes se identifica como varegos escandinavos— en las orillas del Volga, dando detalles sobre su atuendo, costumbres y rituales funerarios.

Asimismo, la palabra “Rus”, origen del nombre Rusia, se considera etimológicamente vinculada a una tribu sueca conocida como los “Roslagen” o “Rus”, lo que refuerza la conexión escandinavo-eslava.

Conclusión del apartado
La interacción de los vikingos con Bizancio, el Califato Abasí y Asia Central no fue un episodio anecdótico, sino una parte estructural de su expansión. La combinación de fuentes arqueológicas, lingüísticas y documentales permite reconstruir un panorama en el que los vikingos actuaron como intermediarios entre oriente y occidente, conectando mundos lejanos con una red comercial altamente eficiente. Su rol como comerciantes y diplomáticos, tanto como guerreros, redefine la amplitud y complejidad de su legado.

2. El papel de las mujeres vikingas en las expediciones y asentamientos

¿Qué revelan los registros arqueológicos sobre su presencia en colonias como Groenlandia o Vinland, y cómo desafían los estereotipos tradicionales?

Durante mucho tiempo, la figura de la mujer vikinga fue marginada en los relatos históricos, reducida al rol de cuidadora doméstica o al estereotipo romántico de la doncella escandinava. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos recientes y las reinterpretaciones de fuentes escritas están desafiando estos clichés, mostrando a las mujeres vikingas como agentes activos en las migraciones, asentamientos y, en algunos casos, incluso en funciones militares.

Colonización y presencia femenina en territorios lejanos
Los registros arqueológicos en Groenlandia, colonizada por los nórdicos a finales del siglo X, muestran una proporción significativa de tumbas femeninas, muchas de ellas con ajuares ricos que indican estatus social. Estos enterramientos, con objetos como husos, llaves, joyas y piezas de vestir elaboradas, sugieren que las mujeres no solo formaban parte de los grupos fundadores, sino que ejercían funciones sociales relevantes.

En el caso de Vinland —nombre dado por los vikingos a sus asentamientos temporales en América del Norte, posiblemente en la actual Terranova—, las sagas islandesas mencionan explícitamente la presencia de mujeres. En particular, la saga de los Groenlandeses relata cómo Gudrid Thorbjarnardóttir, una mujer noble, viajó hasta Vinland, dio a luz allí y regresó a Europa, siendo una de las primeras mujeres europeas documentadas en cruzar el Atlántico.

Aunque no se han encontrado tumbas femeninas en los yacimientos de Vinland, el contexto narrativo y la experiencia previa de otras colonias vikingas hacen plausible su participación en esa migración.

Las llamadas “guerreras vikingas”
Uno de los debates más notorios ha girado en torno a la tumba BJ581 de Birka (Suecia), excavada en el siglo XIX pero reanalizada recientemente mediante estudios de ADN. Aunque durante décadas se asumió que el individuo enterrado con armas y ajuares militares era un hombre, el análisis genético de 2017 reveló que se trataba de una mujer. Este hallazgo, junto con otros enterramientos femeninos con armas en Noruega, Islandia y Dinamarca, ha abierto la discusión sobre la posibilidad de que algunas mujeres participaran activamente en expediciones militares.

Aunque esto no significa que las guerreras fueran la norma, sí plantea que la sociedad vikinga pudo haber sido más flexible en cuanto a roles de género, especialmente en contextos de expansión.

Rol económico y social en los asentamientos
Las mujeres vikingas también tenían un papel central en la gestión de los hogares, las propiedades y las economías locales. Documentos legales islandeses y sagas muestran que podían heredar tierras, administrar granjas, e incluso participar en litigios legales. En asentamientos aislados como los de Groenlandia, donde la supervivencia dependía de la cooperación, la participación femenina en la organización del trabajo y la vida comunitaria fue esencial.

Desafiando los estereotipos
La acumulación de evidencias contradice la idea de que las expediciones vikingas eran exclusivamente masculinas. Las mujeres no solo viajaban, sino que contribuían a la fundación y mantenimiento de comunidades, gestionaban recursos y, en ciertos casos, lideraban. Esta realidad desmonta la visión simplista del vikingo como guerrero aislado y sugiere una sociedad más compleja, en la que la movilidad y la colonización fueron procesos familiares y no exclusivamente guerreros.

3. Los vínculos entre las incursiones vikingas y los procesos de formación estatal en Europa occidental

¿Cómo influyeron en la consolidación de monarquías como la inglesa o la francesa?

Lejos de ser un mero episodio de caos y destrucción, las incursiones vikingas en Europa occidental actuaron como catalizadores de procesos políticos y sociales que desembocaron en la consolidación de estructuras estatales más sólidas y centralizadas. En particular, los reinos de Inglaterra y Francia (entonces el Reino de los Francos Occidentales) vieron cómo la amenaza vikinga obligaba a reorganizar el poder, fortalecer las instituciones monárquicas y redefinir la autoridad territorial.

Inglaterra: de reinos dispersos a unidad bajo el miedo al norte
Durante los siglos VIII y IX, las Islas Británicas estaban fragmentadas en múltiples reinos anglosajones. Las incursiones vikingas comenzaron con ataques esporádicos (como el saqueo de Lindisfarne en 793), pero pronto evolucionaron hacia campañas militares organizadas que desembocaron en la ocupación de vastas regiones, conocidas como el Danelaw.

La amenaza vikinga fue uno de los factores determinantes que impulsaron a Alfredo el Grande, rey de Wessex, a reorganizar militar y administrativamente su reino a finales del siglo IX. Creó una red de fortificaciones (burhs), promovió una flota naval para hacer frente a los invasores en el mar, y sentó las bases de un ejército regular y un sistema fiscal que le permitió sostener la defensa del reino. Esta infraestructura fue clave para la posterior unificación de Inglaterra bajo el dominio de Wessex.

El contacto directo con los daneses también llevó a una transformación legal y cultural, con la adopción de ciertos elementos escandinavos en el derecho anglosajón y en la toponimia del norte de Inglaterra.

Francia: el fortalecimiento de los condes y la decadencia carolingia
En el Reino Franco Occidental (germen de la futura Francia), las incursiones vikingas contribuyeron a la erosión del poder central carolingio. La incapacidad de los sucesores de Carlomagno para repeler los ataques incentivó la delegación del poder militar a condes y señores locales, quienes construyeron castillos, organizaron milicias y se hicieron cada vez más autónomos.

Paradójicamente, este debilitamiento del poder central condujo, con el tiempo, a una reconfiguración del sistema feudal y a la consolidación de nuevas dinastías. Un ejemplo notable es el de Hugo Capeto, elegido rey en 987, fundador de la dinastía capeta, que daría estabilidad a la monarquía francesa tras décadas de fragmentación. Su legitimidad se basó en el control de un núcleo territorial seguro frente a las amenazas externas, entre ellas los vikingos.

El caso normando: vikingos convertidos en constructores de reinos
Uno de los casos más paradigmáticos de transformación fue la creación del Ducado de Normandía en 911, cuando el rey franco Carlos el Simple concedió tierras al caudillo vikingo Rollón tras pactar su conversión al cristianismo y su fidelidad al rey. Los descendientes de Rollón se integraron en la aristocracia franca, estableciendo una entidad política estable que en el siglo XI daría lugar a una nueva expansión: la conquista normanda de Inglaterra en 1066, liderada por Guillermo el Conquistador.

Este episodio ilustra cómo las incursiones vikingas no solo desestabilizaron reinos, sino que también propiciaron la emergencia de nuevas élites político-militares con fuerte capacidad organizativa.

Conclusión del apartado
La amenaza vikinga actuó como un impulso involuntario hacia la centralización política y el fortalecimiento del poder regio. En Inglaterra, favoreció la unificación territorial; en Francia, aceleró el tránsito hacia el feudalismo y la emergencia de nuevas casas reinantes. Lejos de ser una mera disrupción externa, los vikingos fueron parte activa en los procesos que moldearon la Europa política medieval.

4. El papel de los varegos en la formación de los estados eslavos y su relación con el Imperio Bizantino

¿Hasta qué punto fue determinante la presencia vikinga en la génesis de la Rus de Kiev?

En el este de Europa, el impacto de los vikingos —conocidos allí como varegos— fue especialmente profundo, no solo por sus incursiones y comercio, sino por su papel estructural en la formación de la entidad política conocida como la Rus de Kiev. Esta formación estatal, germen de los futuros estados ruso, ucraniano y bielorruso, se desarrolló a partir de una simbiosis entre pueblos eslavos locales y elites escandinavas que dominaron las rutas fluviales hacia el Mar Negro y el Caspio.

La hipótesis normandista: vikingos como fundadores del Estado
Según la llamada "hipótesis normandista", defendida por muchos historiadores occidentales, los varegos fueron determinantes en la creación de la Rus. La crónica más antigua que lo relata, la Crónica de Néstor (siglo XII), describe cómo las tribus eslavas invitaron en el siglo IX a los varegos a gobernarlos para poner fin a conflictos internos. Así, Rurik, un caudillo escandinavo, habría fundado la dinastía reinante en Nóvgorod, y su sucesor, Oleg, habría conquistado Kiev, estableciendo allí la capital de la Rus.

Esta interpretación se ve reforzada por hallazgos arqueológicos: tumbas con armas, joyas y elementos culturales escandinavos se han encontrado en Ládoga, Nóvgorod, Gnezdovo y Kiev, mostrando la presencia física de los varegos en el corazón de estos asentamientos políticos.

Un modelo híbrido: fusión escandinavo-eslava
Aunque la elite inicial pudo ser escandinava, el desarrollo de la Rus fue el resultado de una profunda integración cultural. A medida que los varegos se asentaban y se cristianizaban, adoptaban la lengua eslava y se mezclaban con la población local. Esta hibridación dio lugar a una identidad política y cultural distinta, ni puramente vikinga ni puramente eslava, sino resultado de un proceso de síntesis.

La influencia vikinga se reflejaba no solo en la arquitectura y en la organización militar, sino también en la estructura de los intercambios comerciales y diplomáticos. El uso de rutas fluviales como el Dniéper y el Volga, dominadas por los varegos, permitió articular un sistema de tributos, defensa y comunicación que sostenía al Estado.

Relaciones con Bizancio: diplomacia, comercio y religión
Uno de los aspectos clave en la consolidación de la Rus fue su relación con el Imperio Bizantino. Las fuentes bizantinas mencionan múltiples tratados entre Kiev y Constantinopla, como los firmados por Oleg (911) y Igor (944), que garantizaban comercio y paso seguro por el mar Negro.

En 988, el príncipe Vladimiro I adoptó oficialmente el cristianismo ortodoxo tras sellar una alianza con Bizancio, lo que marcó un punto de inflexión: la Rus de Kiev se integró en la órbita cultural y religiosa del mundo bizantino. Esta conversión no solo fue un acto de fe, sino también un gesto de legitimación política y de alianza estratégica con una potencia sofisticada.

Conclusión del apartado
La presencia vikinga fue un factor clave en la gestación del Estado de la Rus de Kiev, tanto por su papel como elite fundadora como por su capacidad para articular redes comerciales y alianzas diplomáticas. No obstante, la Rus no fue una colonia escandinava, sino una entidad política híbrida que creció en diálogo constante con su entorno eslavo y bizantino. La figura del varego representa así un puente entre el norte bárbaro y el oriente cristiano, entre el comercio del Báltico y la sofisticación de Constantinopla.

5. Los aspectos religiosos y simbólicos de las exploraciones vikingas

¿Qué rol jugó la mitología nórdica en la justificación cultural de la expansión o en el contacto con otros credos?

La religión vikinga, articulada en torno a un rico panteón de dioses como Odín, Thor, Freyja o Loki, no fue solo un conjunto de creencias espirituales, sino también un marco simbólico que influyó profundamente en la forma en que los escandinavos comprendían y legitimaban su mundo, sus acciones y sus relaciones con otros pueblos. Las exploraciones y conquistas no se vivían únicamente como movimientos estratégicos, sino también como parte de una cosmovisión en la que el destino, el honor y el viaje tenían un profundo significado trascendental.

Cosmovisión guerrera y expansión
En el imaginario nórdico, la vida era concebida como una lucha permanente en la que el valor en combate definía el destino final del alma. La muerte heroica daba acceso al Valhalla, el salón de los caídos, donde los guerreros se preparaban para el Ragnarök, el fin del mundo. Este componente religioso fomentaba una actitud favorable hacia el riesgo, la conquista y la muerte en el extranjero, lo que pudo servir como justificación cultural para las incursiones y expediciones.

La figura del berserker, guerrero en trance que luchaba con furia sobrehumana, encarna esta dimensión espiritual del combate. Se trataba de un rol casi ritual, donde la violencia era transfigurada en acto sagrado.

Los dioses como inspiración para la exploración
Algunos dioses como Odín, asociado al viaje, la sabiduría y el descubrimiento, fueron centrales en el imaginario de los exploradores. Se le atribuye haber sacrificado uno de sus ojos por obtener conocimiento oculto, lo que convierte su figura en un símbolo de la búsqueda más allá del mundo conocido. Esta mitología servía como motor ideológico para cruzar mares y descubrir tierras lejanas.

Los rituales y símbolos religiosos —como las runas, los amuletos de Thor, o los barcos ceremoniales— acompañaban muchas expediciones y funerales, lo que refuerza su papel como vehículo espiritual además de político o económico.

Contactos interreligiosos: del conflicto al sincretismo
El contacto con otras religiones no siempre derivó en conflicto abierto. En algunos casos, hubo formas de convivencia o incluso sincretismo. Las crónicas árabes, como las de Ibn Fadlan, describen a los rus (varegos) con prácticas religiosas ajenas al islam pero también con respeto hacia los ritos funerarios y la pureza ritual.

En el oeste, el choque con el cristianismo fue más directo, pero también derivó en adopciones estratégicas. Muchos caudillos vikingos se convirtieron al cristianismo —a menudo por motivos políticos— sin abandonar del todo sus creencias ancestrales. Esta coexistencia de religiones, visible en enterramientos con cruces y objetos paganos, muestra un proceso gradual de transformación espiritual más que una ruptura.

Rituales y simbolismo en la colonización
En los asentamientos vikingos, especialmente en Islandia, Groenlandia y las islas británicas, se han encontrado restos de templos paganos (hof) y altares dedicados a dioses locales. Estos espacios sagrados reforzaban la identidad cultural en territorios extraños, y su presencia sugiere que la colonización iba acompañada de la intención de mantener una continuidad espiritual y simbólica.

La fundación de Islandia, por ejemplo, incluyó la importación deliberada de elementos religiosos, y solo con el paso de generaciones se adoptó el cristianismo de forma oficial (año 1000), tras un proceso de deliberación colectivo.

Conclusión del apartado
La mitología nórdica no fue un simple fondo cultural de las expediciones vikingas, sino una fuente activa de sentido y legitimidad. Dio forma a la manera en que los vikingos concebían la vida, la muerte, el viaje y el otro. Su religión funcionó tanto como inspiración para la expansión como como mecanismo de identidad frente a las culturas ajenas. El contacto con otras religiones no destruyó necesariamente esta cosmovisión, sino que la puso en diálogo, generando nuevos significados en un mundo en transformación.

6. La reinterpretación moderna de la figura vikinga en clave nacionalista o identitaria

¿Cómo han sido usados los vikingos en discursos históricos, desde el romanticismo nórdico hasta el siglo XXI?

A lo largo del tiempo, la figura del vikingo ha sido moldeada y reapropiada por distintas ideologías y contextos sociopolíticos. De guerreros paganos de los márgenes de Europa a símbolos de identidad nacional, los vikingos han recorrido un camino historiográfico tan accidentado como fascinante. Su imagen ha sido invocada tanto para exaltar valores de libertad y exploración como para justificar discursos supremacistas y nacionalistas.

El romanticismo del siglo XIX y la construcción de una identidad nórdica
Durante el siglo XIX, en el contexto del auge de los nacionalismos europeos, los países escandinavos comenzaron a redescubrir y exaltar su pasado vikingo como fuente de orgullo nacional. En Suecia, Noruega e Islandia, la arqueología, la literatura y la música se aliaron para construir una imagen heroica del vikingo como símbolo de valentía, libertad y espíritu explorador.

Autores como Erik Gustav Geijer o Jakob Grimm reinterpretaron las sagas islandesas con una carga emocional e idealista que se alejaba del rigor histórico, buscando en ellas la esencia del "alma nórdica". Las sagas pasaron de ser crónicas locales a convertirse en "epopeyas nacionales".

El uso ideológico en el nazismo y movimientos supremacistas
En el siglo XX, esta mitología fue cooptada por movimientos nacionalistas extremos, particularmente por el nazismo. El régimen de Hitler exaltó las raíces germánicas y nórdicas como expresión de una supuesta raza aria superior. Símbolos como las runas, el martillo de Thor o las leyendas vikingas fueron incorporados a la estética del Tercer Reich.

Aunque esta apropiación fue artificial y basada en lecturas distorsionadas, dejó una huella duradera. En décadas posteriores, grupos neonazis y supremacistas blancos han reutilizado esta simbología para construir una identidad étnica excluyente, vaciando de contenido histórico a la cultura vikinga.

Resignificación cultural en el mundo contemporáneo
Frente a estas lecturas ideologizadas, las últimas décadas han visto un intento de reapropiación cultural crítica. La cultura popular —series como Vikings, videojuegos como Assassin’s Creed: Valhalla o grupos de recreación histórica— ha devuelto visibilidad a los vikingos, aunque no siempre con precisión académica.

En paralelo, comunidades neopaganas, especialmente en Escandinavia y América del Norte, han revivido creencias y rituales basados en el politeísmo nórdico, a menudo con una intención espiritual no política. Algunas corrientes han defendido una visión inclusiva y diversa de la herencia vikinga, mientras que otras siguen instrumentalizándola con fines identitarios.

Debate académico y recuperación crítica
Hoy, la historiografía lucha por recuperar la figura del vikingo desde una perspectiva matizada y basada en evidencias, lejos tanto de la idealización romántica como de la apropiación política. Se enfatiza el carácter plural y complejo de la cultura nórdica, su papel como comerciantes, exploradores, colonizadores y agentes de transformación cultural, más allá del mito del bárbaro europeo.

Conclusión del apartado
La figura del vikingo ha sido moldeada tanto por la arqueología como por los imaginarios ideológicos. Su poder simbólico ha servido para construir identidades, justificar ideologías o inspirar movimientos culturales. En el siglo XXI, el desafío consiste en reconocer esa historia de apropiaciones, desmontar los mitos perniciosos y recuperar la riqueza real de una civilización que fue mucho más que un casco con cuernos.

Conclusión

La historia de los vikingos va mucho más allá del mito del saqueador brutal y del explorador temerario. A través de las evidencias arqueológicas, lingüísticas, políticas y simbólicas, se revela una civilización compleja, dinámica y profundamente conectada con las grandes transformaciones del mundo medieval euroasiático.

Las redes comerciales que tejieron con Bizancio, el Califato Abasí y Asia Central revelan una dimensión global de su actividad, donde la guerra y el intercambio no eran opuestos, sino partes de una misma estrategia de expansión. Las mujeres, lejos de ser figuras pasivas, desempeñaron un papel esencial en la colonización, en la economía doméstica y en la construcción de comunidades sostenibles, desafiando los estereotipos históricos de género.

Lejos de provocar únicamente destrucción, las incursiones vikingas precipitaron procesos de reorganización política que favorecieron la consolidación de monarquías como la inglesa o la francesa, y facilitaron la aparición de nuevas entidades estatales en el mundo eslavo oriental. La fusión de lo escandinavo y lo eslavo en la Rus de Kiev es uno de los ejemplos más claros de esta dinámica de encuentro y transformación.

La mitología nórdica, por su parte, ofrecía un marco espiritual que no solo legitimaba la expansión, sino que también daba sentido al viaje, al riesgo y al contacto con lo desconocido. Y aunque en la Edad Media los vikingos fueron temidos, en la modernidad han sido reutilizados en clave política, romántica o identitaria, siendo moldeados según los valores y necesidades de cada época.

Redescubrir la historia oculta de las expediciones vikingas no es simplemente un ejercicio de revisión historiográfica, sino también una invitación a comprender cómo el pasado se construye, se transforma y se utiliza. Solo una mirada crítica, informada y plural puede devolvernos el verdadero legado de una civilización que, entre el hierro y el comercio, la poesía y la navegación, dejó una huella profunda en el devenir del mundo medieval.


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