EL CONCEPTO DE LA VOLUNTAD

EN SCHOPENHAUER Y NIETZSCHE.

 Introducción: El concepto de la voluntad en Schopenhauer y Nietzsche

El concepto de “voluntad” ocupa un lugar central en la historia de la filosofía moderna alemana. En particular, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche desarrollaron dos de las concepciones más influyentes y opuestas de esta noción, convirtiéndola en el eje de sus sistemas filosóficos y de su comprensión del mundo, del individuo y del sentido de la existencia. Aunque ambos comparten una crítica radical a la razón ilustrada y a la moral kantiana tradicional, sus visiones sobre la voluntad divergen profundamente, situándose en extremos metafísicos y éticos irreconciliables.

Para Schopenhauer, la voluntad es la esencia última de la realidad, una fuerza irracional, ciega y universal que se manifiesta en todos los niveles de la naturaleza, desde los procesos físicos hasta el comportamiento humano. Esta voluntad carece de propósito o dirección, y es precisamente su carácter insaciable lo que genera sufrimiento. En este marco, el conocimiento y el arte son vías privilegiadas para suspender temporalmente su dominio.

Nietzsche, en cambio, reformula el concepto desde una perspectiva afirmativa: su “voluntad de poder” no es negación, sino impulso creador, expansión de la vida, autoafirmación. Frente al pesimismo de Schopenhauer, Nietzsche ofrece una ontología del devenir y del conflicto vital como fuerza generadora. El superhombre nietzscheano representa precisamente la culminación de esa voluntad transformadora.

Este artículo propone una lectura comparada del concepto de voluntad en ambos pensadores, abordando su dimensión metafísica, ética, estética y antropológica, así como sus relaciones con la filosofía kantiana. Más allá de las diferencias doctrinales, el diálogo entre Schopenhauer y Nietzsche revela una tensión fundamental en la modernidad: ¿la voluntad es la raíz del sufrimiento o la expresión máxima de la vida? ¿Debemos renunciar a ella, o aprender a transformarla?

1. La voluntad como principio metafísico en Schopenhauer

¿Cómo define Schopenhauer la “voluntad” como esencia última de la realidad y qué relación tiene con el sufrimiento humano?

Arthur Schopenhauer construye su sistema filosófico a partir de una reinterpretación radical de la metafísica kantiana. Mientras que Kant postuló la existencia de un “noúmeno” inaccesible —la cosa en sí— Schopenhauer va un paso más allá y afirma que esa realidad última no es otra que la voluntad, entendida no como voluntad racional o deliberativa, sino como una fuerza irracional, ciega, incesante y universal que subyace a todo lo existente.

En su obra central, El mundo como voluntad y representación (1819), Schopenhauer distingue entre el mundo tal como lo percibimos (representación) y el mundo tal como realmente es (voluntad). Esta voluntad no está subordinada a ningún fin o propósito: simplemente quiere, en un impulso perpetuo de afirmación que se manifiesta tanto en el instinto animal como en las leyes naturales, en el deseo humano como en la lucha por la existencia. En este sentido, la voluntad es el “núcleo íntimo” de todo ser, la esencia de la naturaleza y de nosotros mismos.

Esta concepción tiene consecuencias directas sobre su visión del sufrimiento humano. Dado que la voluntad es insaciable por definición, todo querer implica carencia, y toda carencia implica sufrimiento. Cuando el deseo se cumple, el individuo cae en el hastío o el aburrimiento; cuando no se cumple, experimenta frustración. Así, el sufrimiento no es una excepción en la vida humana, sino su condición estructural. Schopenhauer afirma que “la vida oscila, como un péndulo, entre el dolor y el tedio”.

En este marco, el individuo está condenado a una existencia dominada por una voluntad que no controla y que lo arrastra en un ciclo interminable de deseos, lucha y desengaño. No hay redención religiosa ni salvación trascendente en su sistema: solo hay posibilidad de mitigar temporalmente el sufrimiento mediante la contemplación estética (que suspende la voluntad), la compasión ética (que reconoce al otro como sujeto del mismo dolor), y finalmente, la negación radical de la voluntad, que Schopenhauer asocia con una especie de ascetismo de raíz budista.

Su pesimismo filosófico no nace de una visión sombría del mundo, sino de un análisis riguroso de su estructura interna: si la voluntad es la esencia del ser, y si esa voluntad es un querer incesante y sin meta, entonces el sufrimiento es inherente a toda forma de existencia. La única sabiduría posible, según Schopenhauer, es reconocer este hecho y buscar caminos para liberarse, aunque sea fugazmente, de su tiranía.

2. Voluntad de poder en Nietzsche: una crítica a Schopenhauer

¿Cómo reformula Nietzsche el concepto de voluntad y en qué aspectos difiere de la visión pesimista de Schopenhauer?

Friedrich Nietzsche toma el concepto de voluntad de Schopenhauer como punto de partida, pero lo transforma profundamente. Si en Schopenhauer la voluntad es una fuerza ciega y negativa que produce sufrimiento, en Nietzsche se convierte en un principio afirmativo, creador y vitalista: la voluntad de poder. Esta reformulación no es un simple ajuste terminológico, sino una inversión filosófica radical del valor asignado a la existencia, al deseo y al devenir.

Nietzsche rechaza el pesimismo metafísico de Schopenhauer, al que considera una expresión de decadencia, resentimiento y negación de la vida. En obras como Más allá del bien y del mal y La voluntad de poder (compilación póstuma de notas), Nietzsche sostiene que todo lo vivo no solo desea conservarse o reproducirse, sino expandirse, dominar, transformarse, afirmarse como fuerza. Esa es la voluntad de poder: no una voluntad hacia un objeto determinado, sino un impulso estructural de superación, lucha, creación de valores y despliegue de fuerza.

En este sentido, Nietzsche reinterpretó la voluntad no como una causa del sufrimiento, sino como el motor mismo del crecimiento y la afirmación existencial. El sufrimiento, lejos de ser algo a evitar, es un componente necesario de la vida activa, creadora. El individuo fuerte —el que encarna la voluntad de poder— no niega el dolor, sino que lo asume, lo transforma y lo integra como parte de su proceso de autodeterminación.

Frente a la ética de la renuncia schopenhaueriana, Nietzsche propone una ética de la afirmación: decir a la vida, incluso en sus aspectos más duros, es el acto filosófico más elevado. Donde Schopenhauer veía liberación en la negación del querer, Nietzsche ve esclavitud. La vida, para Nietzsche, no tiene justificación fuera de sí misma: no necesita redención, sino intensificación.

En su crítica a Schopenhauer, Nietzsche también rechaza el trasfondo nihilista que implica considerar el mundo como sufrimiento sin sentido. Según él, esa visión sigue siendo profundamente cristiana en su estructura: sustituye la salvación por la negación, pero mantiene la lógica del mundo como algo de lo que escapar. Nietzsche, por el contrario, llama a amar el destino (amor fati), a desear eternamente lo que es, en un gesto de profunda reconciliación con el devenir.

En definitiva, mientras Schopenhauer propone negar la voluntad para alcanzar la paz, Nietzsche propone afirmar la voluntad como vía hacia la grandeza humana. Esta divergencia marca una de las rupturas más significativas en la filosofía moderna, al confrontar dos maneras opuestas de comprender la existencia: la del pesimismo trascendente y la del vitalismo trágico.

3. El papel de la voluntad en la ética de ambos filósofos

¿Cómo influyen sus ideas sobre la voluntad en sus respectivas concepciones sobre la moral y la autonomía del individuo?

Tanto Schopenhauer como Nietzsche construyen sus concepciones éticas desde una reflexión profunda sobre la voluntad, pero sus conclusiones no podrían ser más opuestas. En ambos casos, la ética no se funda en mandatos racionales universales —como en Kant—, sino en una comprensión más radical y existencial del ser humano, entendido como sujeto de deseo, sufrimiento o poder.

Para Schopenhauer, la voluntad es el origen del sufrimiento humano, y por tanto, su superación o negación es el fundamento de una verdadera vida ética. Su ética se basa en la compasión (Mitleid), que surge del reconocimiento de que todos los seres están sometidos al mismo querer ciego e insaciable. Ver al otro no como un objeto, sino como un espejo del mismo dolor que me atraviesa, es lo que posibilita una conducta moral auténtica. En este sentido, la ética de Schopenhauer es profundamente ascética y pesimista: la moralidad consiste en rechazar el egoísmo, disminuir el deseo y acercarse a una forma de negación de la individualidad, en línea con influencias budistas.

La autonomía, para Schopenhauer, no consiste en autoafirmarse, sino en liberarse del imperio de la voluntad, aunque sea parcialmente. El sabio, el artista y el santo representan figuras capaces de suspender o apagar ese querer en favor de una paz interior que se alcanza a través de la renuncia y la comprensión profunda del mundo como sufrimiento.

En cambio, Nietzsche se opone frontalmente a esta visión. Considera que toda ética basada en la negación del deseo es una expresión de moral de esclavos, nacida del resentimiento, del miedo a la vida y del fracaso ante lo trágico. Para él, la verdadera ética es la que emana de la voluntad de poder, es decir, del impulso a crear valores propios, a superar los condicionamientos externos y a afirmarse como individuo. No hay reglas universales válidas por sí mismas: cada individuo superior debe convertirse en legislador de sí mismo.

La autonomía moral, en Nietzsche, no implica obedecer mandatos universales, sino asumir la responsabilidad de crear nuevos valores. El “espíritu libre” es aquel que rompe con las morales impuestas —religiosas, ilustradas o ascéticas— y se convierte en autor de su propio sentido. Esto no conduce al relativismo banal, sino a una exigencia ética extrema: la fidelidad a uno mismo, al devenir, al instante.

En síntesis, Schopenhauer propone una ética de la compasión y la negación del querer, fundada en una metafísica del sufrimiento; Nietzsche, en cambio, propone una ética de la autoafirmación y la creación de valores, fundada en una metafísica del poder. En uno, la libertad se encuentra en silenciar la voluntad; en el otro, en dejarla hablar hasta sus últimas consecuencias.

4. Arte y voluntad en Schopenhauer y Nietzsche

¿Cómo consideran ambos el arte como una vía para trascender la voluntad y qué diferencias hay entre sus enfoques?

Tanto Schopenhauer como Nietzsche conceden al arte un papel privilegiado dentro de sus sistemas filosóficos, pero lo hacen desde perspectivas profundamente distintas, enraizadas en sus respectivas concepciones de la voluntad. Para ambos, el arte no es mero entretenimiento o adorno cultural, sino una vía de acceso a dimensiones más profundas de la existencia. Sin embargo, mientras Schopenhauer lo considera una forma de suspensión del sufrimiento, Nietzsche lo entiende como afirmación del caos vital.

Para Schopenhauer, el arte es una de las pocas experiencias humanas capaces de suspender el dominio de la voluntad. En el momento estético, el individuo deja de ser un sujeto deseante, atrapado en el ciclo de carencia y satisfacción, para convertirse en un “puro sujeto cognoscente” que contempla las Ideas —siguiendo la tradición platónica— sin interés personal. La música, en particular, ocupa el lugar más alto dentro de las artes, ya que no representa las Ideas como las demás, sino que expresa directamente la voluntad misma, en su movimiento interno. Esta concepción del arte como redención temporal conecta con su metafísica pesimista: el arte ofrece un respiro ante el sufrimiento inevitable de la vida.

Nietzsche, en cambio, rompe con esta visión redentora y plantea una filosofía del arte en clave afirmativa, trágica y vitalista. En El nacimiento de la tragedia (1872), distingue entre dos impulsos fundamentales del arte griego: lo apolíneo (la forma, la medida, la apariencia) y lo dionisíaco (el exceso, la embriaguez, la disolución del yo). Para Nietzsche, el verdadero arte —como el de la tragedia ática— surge de la fusión de ambos elementos, y no tiene como fin consolar ni redimir, sino afirmar el carácter caótico, contradictorio y doloroso de la existencia.

El arte, para Nietzsche, no niega la voluntad ni pretende superarla, sino que la intensifica, la transforma y la celebra. En lugar de conducir a la paz, el arte provoca, sacude, despierta. No hay contemplación desinteresada, sino participación activa en el juego de las fuerzas vitales. En este sentido, Nietzsche no solo revalúa el arte, sino también la vida misma como una forma de creación estética: el filósofo-artista es aquel que da forma a su existencia como una obra de arte.

Así, la diferencia fundamental entre ambos radica en el valor que asignan al arte respecto a la voluntad: Schopenhauer lo ve como escape del querer; Nietzsche, como su culminación afirmativa. Uno busca consuelo y suspensión del dolor; el otro, intensidad, transformación y poder.

Ambas concepciones siguen siendo profundamente influyentes en la filosofía del arte contemporánea. Schopenhauer inspiró visiones del arte como trascendencia espiritual; Nietzsche, como expresión de fuerza creadora. En su tensión, el arte se revela como un campo de batalla donde se juegan no solo valores estéticos, sino visiones opuestas del sentido de la existencia.

 

5. La voluntad y el concepto de superhombre en Nietzsche

¿Cómo se relaciona la “voluntad de poder” con la idea del superhombre y la transformación del individuo?

En el pensamiento de Nietzsche, la voluntad de poder no es solo una categoría ontológica general, sino también el núcleo dinámico que impulsa la transformación del individuo hacia el superhombre (Übermensch). Esta figura, introducida especialmente en Así habló Zaratustra, representa el ideal de superación radical del ser humano moderno, atrapado en valores decadentes y estructuras morales impuestas. El superhombre es el ser que, afirmando la vida en su totalidad —con sus sufrimientos, contradicciones y flujos cambiantes—, crea sus propios valores y se convierte en el legislador de su existencia.

La voluntad de poder, en este contexto, es el motor interno de esa transformación. No debe entenderse como deseo de dominio sobre los demás, sino como la fuerza creativa que empuja al individuo a superarse a sí mismo, a dejar atrás las formas estancadas de identidad, a romper con la moral de rebaño, y a vivir desde su potencia más elevada. La voluntad de poder es, en este sentido, voluntad de forma, de creación, de estilo: una fuerza estética, ética y vital a la vez.

Nietzsche contrapone esta figura del superhombre al “último hombre”, símbolo de la decadencia moderna: un ser cómodo, conformista, enemigo del riesgo y del dolor. El superhombre, por el contrario, abraza el sufrimiento como condición inevitable de la grandeza; no lo evita, sino que lo transforma en fuerza. Esta capacidad de transmutar el sufrimiento en impulso creativo es precisamente lo que encarna la voluntad de poder en su forma más elevada.

A través del superhombre, Nietzsche pone en escena su filosofía del eterno retorno: la idea de vivir la vida de tal modo que uno desee repetirla eternamente. Solo quien ha afirmado plenamente la existencia es capaz de asumir esta prueba. El superhombre es, por tanto, quien ha logrado una forma de afirmación total, sin necesidad de redención, consuelo ni trascendencia.

En términos psicológicos, esta voluntad de poder se manifiesta como voluntad de independencia, de autenticidad, de afirmación activa. En términos éticos, implica una ruptura con toda moral heterónoma. Y en términos existenciales, conduce a una vida entendida no como obediencia a una ley, sino como obra de arte en devenir, moldeada por quien la vive.

En resumen, la relación entre voluntad de poder y superhombre no es mecánica, sino evolutiva: es a través del despliegue consciente y creador de la voluntad de poder como el individuo se transforma en superhombre. Este no es un estado estático, sino un proceso continuo de auto-superación. La voluntad de poder es, así, la energía que impulsa al hombre a dejar de serlo.

6. Influencias y divergencias: Schopenhauer y Nietzsche frente a Kant

¿Cómo influyó Kant en sus concepciones de la voluntad y en qué aspectos se separan de su filosofía?

Tanto Schopenhauer como Nietzsche mantienen una relación ambigua y compleja con la filosofía de Immanuel Kant. Si bien ambos reconocen la centralidad del pensamiento kantiano en la tradición moderna, y toman elementos fundamentales de su sistema, también se apartan de él con fuerza, especialmente en lo que respecta al concepto de voluntad, a la noción de sujeto y al papel de la moral.

Para Schopenhauer, Kant representa un punto de partida imprescindible. Adopta la distinción entre fenómeno y noúmeno —entre el mundo tal como lo conocemos y la “cosa en sí”—, pero da un giro radical al identificar esa cosa en sí con la voluntad. Mientras Kant considera que el noúmeno es incognoscible, Schopenhauer afirma que tenemos acceso directo a él desde nuestra experiencia interna de querer. El cuerpo humano, según él, es al mismo tiempo fenómeno (objeto en el espacio) y manifestación de la voluntad (deseo interno), lo que permite conocer el fundamento último de la realidad.

No obstante, Schopenhauer rompe con la ética kantiana. Para Kant, la voluntad moral es autónoma y racional, guiada por el imperativo categórico y por la capacidad de legislarse a sí misma. Schopenhauer, en cambio, considera que la voluntad no es libre ni racional, sino ciega e insaciable. La ética no nace de la razón, sino de la compasión, de la intuición del sufrimiento común, y la liberación moral solo puede venir de la negación de esa voluntad, no de su obediencia a una ley moral abstracta.

Nietzsche, por su parte, realiza una crítica más radical y hostil. Si bien fue formado inicialmente en un ambiente filosófico kantiano y respetó el rigor del sistema, su pensamiento madura como una reacción contra Kant en casi todos los frentes. Para Nietzsche, la filosofía kantiana representa la culminación del espíritu de decadencia racionalista, del intento de domesticar la vida mediante estructuras morales y epistemológicas fijas.

Critica en particular la noción de voluntad moral autónoma, que Kant convierte en fundamento de la dignidad humana. Nietzsche ve en ello una forma encubierta de ascetismo y represión de los impulsos vitales. Para él, la voluntad debe ser afirmación, creación, expansión: no obediencia a una ley, aunque sea autoimpuesta, sino fuerza que se inventa a sí misma. En este sentido, su concepto de voluntad de poder es una contrafigura tanto del noúmeno incognoscible de Kant como de la voluntad ética racional.

Incluso la epistemología kantiana, basada en las estructuras a priori del sujeto trascendental, es puesta en cuestión por Nietzsche. Él propone una genealogía del conocimiento: no es la razón la que organiza la experiencia, sino que las categorías cognitivas mismas son productos históricos, biológicos y lingüísticos al servicio de la vida.

En resumen, Schopenhauer dialoga críticamente con Kant: toma su aparato teórico, pero lo reformula desde una metafísica del sufrimiento. Nietzsche, en cambio, desmantela el legado kantiano desde una filosofía de la afirmación vital, la crítica de la moral y la genealogía del conocimiento. Ambos, sin embargo, reconocen que la voluntad —como problema— no puede ya pensarse desde las premisas de la razón ilustrada. En eso, Kant les sirvió como punto de origen... pero también como blanco de superación.

 Conclusión

El concepto de la voluntad constituye el núcleo filosófico que articula tanto la metafísica como la ética, la estética y la antropología de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. En ambos casos, la voluntad no es una simple facultad del sujeto, sino el principio profundo desde el cual se comprende la realidad, el sufrimiento, la libertad y el sentido de la existencia.

Schopenhauer presenta la voluntad como una fuerza universal e irracional, origen de toda manifestación fenoménica y raíz del sufrimiento humano. Su propuesta filosófica, marcada por el pesimismo, aboga por mitigar el dolor a través de la contemplación estética, la compasión y, en última instancia, la renuncia al querer. La ética schopenhaueriana es una ética del desasimiento.

Nietzsche, en cambio, reformula la voluntad como impulso creador: la voluntad de poder. Rechaza toda forma de negación de la vida y sitúa el sufrimiento no como algo a evitar, sino como un componente necesario del crecimiento y la afirmación vital. El superhombre, como encarnación de esta voluntad activa, es quien transforma el dolor en fuerza y el caos en obra. Su filosofía es una invitación a crear valores nuevos desde la fidelidad al devenir.

Ambos pensadores parten de Kant, pero lo superan por caminos opuestos: uno profundizando la escisión entre fenómeno y noúmeno mediante una ontología del sufrimiento; el otro desmantelando las estructuras racionales en favor de una visión trágica y afirmativa de la vida.

La confrontación entre Schopenhauer y Nietzsche no solo es un capítulo clave en la historia de la filosofía, sino también una tensión aún viva entre dos formas de estar en el mundo: la que busca liberarse del querer, y la que quiere querer más allá de todo.

 


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